La incoherencia de Pedro Sánchez no es nueva, pero pocas veces queda tan al descubierto como en este caso. Y su papel en la aprobación de la ley que, según él mismo, beneficiaba a los okupas y grandes tenedores. Una conversación filtrada por El Mundo muestra al presidente del Gobierno manifestando su inquietud por el acuerdo alcanzado con Unidas Podemos en diciembre de 2020 sobre los desahucios.
En un mensaje directo a José Luis Ábalos, entonces ministro de Transportes, Sánchez advertía:
La verdad es que conforme voy conociendo el acuerdo con UP sobre desahucios más me inquieta. Da la sensación de que es un negociazo para la okupación y para los grandes tenedores. Yo por ahí no paso.
Sin embargo, la realidad es que Pedro Sánchez sí pasó.

Las palabras no dejan lugar a dudas: el presidente consideraba el pacto con sus socios de gobierno un atentado contra la propiedad privada y una puerta abierta a la okupación. Pero lo que resulta aún más escandaloso es que, tan solo tres días después, el texto fue aprobado sin mayor oposición por parte del Ejecutivo.
La respuesta de Ábalos, lacónica pero reveladora —“Lo que digas. El texto está en la mesa”— refleja la pasividad o resignación del socialista ante una medida que internamente generaba rechazo.
Este episodio pone en evidencia no solo la fragilidad de las convicciones del presidente, sino también el nivel de sometimiento del PSOE a los dictados de Unidas Podemos en plena coalición. La indignación que Sánchez compartía por mensaje privado nunca se tradujo en una acción coherente: no frenó el texto, no lo enmendó, no lo combatió. Lo aprobó.
A la luz de estos hechos, cualquier crítica posterior del líder socialista hacia el fenómeno de la okupación carece de credibilidad. No solo lo toleró, lo legitimó. Porque en política, lo que cuenta no es lo que se dice por WhatsApp, sino lo que se firma en el Boletín Oficial del Estado.








