El pasado 20 de marzo, el primer ministro de Irlanda Leo Varadkar anunciaba por sorpresa su renuncia al cargo. Su partido, el Fine Gael, tendría que nombrar un reemplazo en el próximo mes: el elegido finalmente fue Simon Harris. Con ello, se evitó el adelanto de las elecciones generales, no tendrán lugar en la isla hasta marzo de 2025.
Varadkar alegó que los motivos que lo llevaron a dimitir fueron, a partes iguales, "personales y políticos". Su discurso destacó por la emotividad con la que fue pronunciado, ya que con su adiós, el líder puso fin a siete años al frente del Gobierno irlandés.
Lo que desde aquí llama especialmente la atención es la analogía que tuvo la despedida de Leo Varadkar con la "jornada de reflexión" a la que Pedro Sánchez pondrá fin mañana. El jefe del Ejecutivo español baraja marcharse de La Moncloa después de que su mujer, Begoña Gómez, esté siendo investigada por presunto tráfico de influencias.
La renuncia de un también presidente europeo solo un mes antes de que Pedro Sánchez dé a conocer su decisión resulta, cuanto menos, sospechoso. En términos de política exterior, España e Irlanda comparten una cuestión fundamental: su sólido apoyo a Palestina en el marco de la guerra de Gaza. Esto lleva a plantear que la conexión israelí pueda estar ligada a la hipotética caída del líder socialista español.







