Lo sucedido con Bertrand Ndongo no es un hecho aislado. Es el reflejo de un clima creciente de odio, intolerancia y violencia impulsado por una izquierda que ha perdido el relato, la credibilidad y el control de los canales de información. La agresión sufrida por el periodista de Periodista Digital a manos del activista de extrema izquierda Antonio Maestre no solo es un ataque a una persona, es un ataque a la libertad de prensa, a la verdad y a todos los que se niegan a arrodillarse ante el pensamiento único.
Bertrand Ndongo, al igual que tantos otros profesionales valientes de medios como EDATV, Informa Radio, o Periodista Digital, ha hecho de su trabajo una misión: fiscalizar el poder, denunciar la corrupción, señalar a los responsables del saqueo institucional y dar voz a los que el régimen del PSOE quiere silenciar. Y eso, hoy, en la España de Sánchez, tiene un precio.
La izquierda ha decidido reescribir las reglas del juego. Desde la mesa del Congreso se prepara una purga sin precedentes contra los medios independientes. Se quiere expulsar a los que preguntan lo que molesta, a los que incomodan, a los que no forman parte de la corte mediática del sanchismo. Quieren una prensa apesebrada, subvencionada, obediente. Una prensa que no hable del caso Koldo, ni de Begoña Gómez, ni de Santos Cerdán, ni de los escándalos que salpican al entorno más íntimo del presidente del Gobierno. Porque sin esa prensa sumisa, sin esos tertulianos vendidos, sin esos comunicadores al servicio del poder, la corrupción socialista no habría podido alcanzar las cotas actuales. Y lo peor de todo, los verdugos se victimizan y criminalizan a la prensa libre e independiente.
Antonio Maestre no es periodista, es un activista violento, maleducado y sectario, que utiliza los platós de televisión para intoxicar, señalar y agitar. No es la primera vez que amenaza, ni la primera vez que actúa con impunidad. Ya lo hizo con Vito Quiles. Ya lo hizo con nuestro cámara Juan Pulido. Y ahora lo ha hecho con Bertrand Ndongo. Maestre presume de tener “archivos” de todos los que considera de “extrema derecha”. Es decir, de todos los que no se arrodillan ante su ideología.







