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Hombre con gafas y traje negro caminando frente a un edificio de piedra con un círculo rojo que resalta un acercamiento de su rostro
POLÍTICA

Así será el juicio histórico al fiscal general del Estado, García Ortiz: seis jornadas, 38 testigos y piden hasta seis años de cárcel

El jefe del Ministerio Público ha llegado al Supremo unos 15 minutos antes del inicio, con escoltas y en coche oficial

El Tribunal Supremo abre hoy un proceso inédito: se sienta en el banquillo el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. La acusación sostiene que filtró a la prensa un correo clave del caso González Amador. Arranca así un juicio que sacude a la cúspide del Ministerio Público.

El calendario judicial marca seis sesiones y pasarán por la sala 38 testigos. Entre ellos, figuras de máximo peso en la Fiscalía y periodistas que recibieron el polémico correo. La tensión institucional es evidente, ya que, que un fiscal general se siente en el banquillo de los acusados, es inaudito.

Hombre de cabello rizado y gafas sentado en una silla frente a un micrófono con fondo rojo y una bandera detrás

El caso que se investiga

Todo empezó la noche del 13 de marzo a las 21.34. García Ortiz pidió a la fiscal jefa de Madrid, Pilar Rodríguez, que le enviara la cadena completa de correos entre Julián Salto y Carlos Neira.

A esas alturas, la tormenta mediática ya era un hecho. Y la presión política, máxima.

Rodríguez había estado investigada durante la instrucción. Finalmente pasó a testigo dado que sus mensajes fueron decisivos. Mientras los dispositivos de ambos eran analizados, los agentes descubrieron que el fiscal general había borrado sus chats y correos.

Ella no lo hizo, y ahí comenzó a encajar el puzle para el juez instructor.

Hombre de traje oscuro y corbata verde posando frente a un tapiz decorativo con figuras históricas

Según el sumario, tras la publicación de la noticia en El Mundo, se desató un “intercambio frenético” de mensajes en un grupo de WhatsApp. En ese circuito estaban el propio García Ortiz, Salto, Rodríguez y Diego Villafañe, su mano derecha. Minutos después, a las 21.59, parte de los correos ya estaban en manos del fiscal general.

Uno de ellos era explosivo, un mail de Carlos Neira del 2 de febrero. En él admitía la culpabilidad de González Amador, pero a las 23.25, la Cadena SER adelantó la existencia del correo. Quince minutos después, la información estaba publicada en su web, con citas textuales.

El Supremo cree que García Ortiz filtró ese mensaje. Pero el periodista que lo difundió sostiene lo contrario.

Dice que lo tenía antes de que llegara a la Fiscalía. Otros informadores declararán lo mismo. El instructor, sin embargo, no les dio credibilidad.

Tras la filtración, el fiscal general siguió moviéndose y coordinó con Pilar Rodríguez una nota de prensa. A las 00.12 del día 14, ya la revisaban,y Horas después, se publicaba.

La Fiscalía de Madrid firmaba es anota y fueron la fiscal superior y su jefe de prensa quienes se negaron a difundirla por su cuenta.

Ese comunicado desencadenó la querella de González Amador. Pero el Supremo centró el foco en la filtración previa, no en la nota. Para los magistrados, el daño ya estaba hecho antes de la aclaración oficial.

El juicio también mirará a Moncloa. La ex alto cargo Pilar Sánchez Acera envió el correo a Juan Lobato la mañana del 14 y le instó a usarlo en la Asamblea.

Él dudó mientras ella le garantizó que la imagen aparecería en los medios antes de su intervención. Dijo que la recibió de un grupo de periodistas.

Se abre así un proceso que mezcla política, medios y justicia. Un juicio sin precedentes y todo un examen al poder en la Fiscalía. Y un final aún incierto para García Ortiz.

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