La defensa del ministro de Transportes de la fiabilidad del ferrocarril español contrasta con el fallo de seguridad que precedió a la tragedia de Urda
Apenas un día separó el discurso triunfalista de Óscar Puente de una de las mayores tragedias ferroviarias de los últimos años en España. El ministro de Transportes presumía de la fiabilidad de la red ferroviaria española durante un coloquio del Club Siglo XXI, sin imaginar que, horas después, un accidente en Urda (Toledo) volvería a poner bajo sospecha la seguridad del sistema.
"España en terreno ferroviario es un país de primerísima fila", defendía Puente durante su intervención. No fue su única afirmación. El responsable de Transportes insistió en que "nuestro sistema es fiable" y volvió a recurrir a una expresión que lleva tiempo utilizando para defender su gestión.
"El sistema de ferrocarril hoy, que siempre utilizo la expresión, vive el mejor momento de su historia", aseguró, reconociendo incluso que aquella valoración no gustaba a determinados sectores.
Sin embargo, el accidente del miércoles 28 de octubre ha abierto nuevos interrogantes sobre esa supuesta fiabilidad.
Sistemas fallidos
El sistema de seguridad LZB sufrió una avería informática que obligó a detener varios trenes. Posteriormente, desde el centro de control de Adif en Atocha se autorizó la reanudación de la marcha de un AVE que terminó colisionando con un Iryo detenido.
La contradicción política resulta especialmente significativa. Mientras Puente defendía públicamente las virtudes del ferrocarril español, la infraestructura seguía dependiendo, en determinados tramos, de un sistema de protección instalado hace décadas y pendiente de sustitución por tecnología más moderna.
Tras la tragedia, el ministro volvió a insistir en que el sistema ferroviario español es seguro, aunque reconoció que existen límites relacionados con la infraestructura, los trenes y la intervención humana.
La investigación deberá determinar las responsabilidades del accidente. Entretanto, las declaraciones pronunciadas por Puente apenas 24 horas antes plantean una cuestión incómoda para el Gobierno: hasta qué punto el discurso oficial sobre el éxito ferroviario refleja las condiciones reales de seguridad de la red española.