Hay encuestas que son meras fotografías efímeras, y hay encuestas que son auténticos terremotos políticos. La última del CIS catalán pertenece, sin duda, a esta segunda categoría. Un estudio que, pese al maquillaje habitual con el que estos organismos intentan proteger a sus siglas afines, reconoce algo que ya era evidente para cualquier persona que vive en Cataluña: el sistema político catalán está quebrado, la hegemonía nacionalista se desangra y la izquierda vive sus horas más bajas desde el pujolismo. Y lo más relevante: surgen dos fuerzas que crecen precisamente porque dicen lo que nadie más se atreve a decir.
Según el CIS catalán, Aliança Catalana un partido separatista, pero que muestra una sería preocupación por la inmigración, supera ya a Junts en intención de voto, y Vox adelanta al Partido Popular en una comunidad donde el PP nunca fue capaz de articular un discurso firme sobre los problemas reales de los catalanes. Esta encuesta certifica un vuelco que ningún medio del sistema quiere reconocer: Cataluña quiere hablar de inmigración, de inseguridad, de identidad y no del victimismo supremacista que ha gobernado durante décadas ni de los cuentos multicolor del PSC. Para Alianca, ese sería un problema posterior, y aunque separatista, lo primero que venden es su lucha por la seguridad y contra la inmigración, un binomio, que por mucho que nos digan, es inseparable.
El problema que nadie quiere mencionar: la inmigración masiva y descontrolada
La clave es simple: el principal problema de toda España —y en Cataluña de forma dramática— es la inmigración ilegal.
Y aquí hay tres actores:
1. La izquierda, que se ha pasado años diciendo que no pasa nada.
2. El PP, que prefiere mirar hacia otro lado por miedo a que lo tilden de “facha” o xenófobo en la SER o en RTVE.
3. Vox y Aliança Catalana, que son los únicos que han plantado cara al tabú al tabú de la inmigración ilegal.
La inmigración está cambiando la fisionomía de Cataluña a un ritmo que ya nadie puede disimular. Barrios enteros de Barcelona, Salt, Reus, L’Hospitalet o Vic no se parecen en nada a lo que eran hace apenas 15 años. Y quien lo niegue, miente. La inseguridad aumenta, la convivencia empeora y los servicios públicos colapsan mientras la Generalitat y Pedro Sánchez siguen abriendo las puertas de par en par.
¿Soluciones?
La izquierda no tiene ninguna.
El PP tampoco. Feijóo habla de inmigración como si fuera Bruselas en 2004: tibio, acomplejado y sin entender que la gente quiere seguridad, fronteras y orden.
Por eso Vox en Cataluña se dispara, y por eso Aliança Catalana está rompiendo la hegemonía del separatismo tradicional. Porque ambos hablan de lo que la gente vive en su día a día, sin complejos ni eufemismos.
El PSC pierde fuelle: fin de una hegemonía artificial
El otro dato significativo del CIS catalán es la caída evidente del PSC.
El partido de Illa, construido artificialmente en los laboratorios mediáticos del sanchismo, ya no ilusiona a nadie. No gobierna, no propone y no soluciona. Su único discurso es repetir lo que repite Sánchez en Madrid: “cuidado con la derecha”, “hay que frenar a Vox”, “la amenaza ultraderechista”.
Ese mensaje puede servir para tertulianos subvencionados, pero no para la gente que vive en barrios donde la inseguridad y el abandono son ya insoportables.
En los cinturones obreros, antiguos feudos del socialismo, cada vez más ciudadanos votan a Vox sin pasar por el PP. Porque están hartos de que les llamen racistas por decir que su barrio ya no es el que era, hartos de que les digan que todo es culpa del franquismo y del clima, y hartos de que nadie escuche lo que realmente ocurre en su calle.
El PP desaparecido: Feijóo no convence ni a los suyos
La encuesta también confirma algo que ya se intuía en el resto de España:
Alberto Núñez Feijóo pierde fuelle cada día que pasa.
Es un PP acomplejado, sin discurso propio, que intenta imitar a la izquierda para que la izquierda le perdone la vida. En Cataluña, eso es letal. El votante catalán del PP es cada vez más mayor, más pequeño en número y más huérfano en alternativas. El propio PP ha renunciado a plantarle cara al separatismo y ha renunciado a hablar de inmigración. Su único lema parece ser: “evitar problemas”.
Así les va.
Este PP es el mismo que ha votado en Bruselas en contra de investigar la corrupción de Pedro Sánchez.
El mismo que, llegado el caso, prefiere pactar con el PSOE antes que con Vox.
El mismo que habla de derogar sanchismo mientras vota con el sanchismo cuando nadie mira.
Con este panorama, no sorprende que Vox lo supere en Cataluña.







