Más allá del espectáculo circense con el que el Presidente de los Estados Unidos de América Donald Trump está deleitando a propios y extraños, es impresionante asistir a una función en la que, en escasos dos meses desde su toma de posesión, está logrando precipitar los hilos que sostienen el escenario de la geopolítica mundial atendiendo alos intereses de EEUU y al de sus ciudadanos, pero en franco detrimento y menoscabo del resto de naciones las cuales, con general estupefacción de sus líderes que corren de aquí para allá como pollo sin cabeza, intentan buscar algún parapeto político, social o económico que les proteja de las embestidas de la agresiva política exterior del que debemos de aceptar es un verdadero maestro marionetista.
Desde un punto de vista amplio en el ámbito geopolítico y geoestratégico, el mundo entero asiste ojiplático a las idas, venidas, giros bruscos, así como declaraciones directas e impositivas y posteriores recules mediante los cuales Trump está poniendo de manifiesto que efectivamente él es el marionetista y el resto somos muñecos de trapo movidos a su antojo por los hilos que penden de su propia mano y que no son otra cosa que una manifestación de hegemonía, poder y dominio. La función acaba de comenzar, los pueblos occidentales debemos de ajustarnos en nuestras butacas, relajarnos y disfrutar, porque sobre los actos, políticas, estrategias de negociación, gestión de la eficiencia, comunicación de alto nivel, tácticas de dominio político y lucha contra las derivas económicas autodestructivas, se harán tratados doctrinales y serán objeto de estudio en las universidades del mundo.









