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OPINIÓN

Teresa Peramato: el nuevo brazo ejecutor de Sánchez

La opinión de Javier García Isac de hoy, jueves 11 de diciembre de 2025


Pedro Sánchez ha consumado otro movimiento de control absoluto del Estado, otro paso más en su estrategia de colonización institucional. Lo hace con el nombramiento de Teresa Peramato como fiscal general del Estado, un nombramiento personal, ejecutado desde la soberbia de quien ya no guarda ni las formas ni la apariencia de neutralidad. Peramato no es una jurista independiente, no es una figura de prestigio, no es una voz autónoma dentro del Ministerio Fiscal. Es el nuevo brazo ejecutor del sanchismo, la prolongación de un proyecto político que no cree en la separación de poderes porque la considera un estorbo para sus fines.

Peramato es parte de una larga cadena de nombramientos diseñados a la medida del poder. Firme defensora de la infame Ley del “solo sí es sí”, aquella chapuza jurídica impulsada por la borrica Irene Montero, medida estrella del progresismo ignorante, ley que ha supuesto la rebaja de condenas y la excarcelación anticipada de centenares de violadores y agresores sexuales. Una ley que humilló a las víctimas, que entregó las calles a depredadores y que convirtió el Estado en un payaso jurídico. Pues bien: quien ahora será fiscal general del Estado fue una de sus más entusiastas defensoras.

Con esa tarjeta de visita llega Peramato a lo más alto del Ministerio Fiscal. No es casualidad. No es mérito. Es obediencia.

El clan Delgado–Garzón: la matriz de esta decadencia

Para entender el nombramiento de Peramato hay que retroceder en el tiempo. A esa figura capital, corrosiva, clave en la degradación institucional española que es Dolores Delgado. Una mujer que pasó de activista del PSOE a ministra de Justicia, y de ahí a fiscal general del Estado, demostrando una vez más que el poder socialista no asciende por capacidad, sino por lealtad ideológica.

Dolores Delgado utilizó la Fiscalía General como un cortijo ideológico, como un laboratorio de ingeniería política. Y fue ella quien colocó a su delfín, su íntimo, su protegido, Álvaro García Ortiz, recientemente condenado por revelación de secretos, convertido ya en delincuente por sentencia firme y vergüenza nacional por oficio. Sánchez lo sostuvo hasta el último segundo, como sostiene a todos los suyos, aunque caigan bajo el peso de su propia corrupción.

La carrera de Dolores Delgado no se explica sola. Detrás de ella, como tutor de sombras, aparece la mano larga y oscura del ex juez prevaricador Baltasar Garzón, expulsado de la carrera judicial, convertido en “referente moral” de la izquierda más tóxica. Garzón es el gran arquitecto de ese modo de entender la justicia como arma, como porra ideológica, como herramienta de combate para aniquilar al rival político. Sin él, la escalada de Delgado habría sido imposible. Sin Delgado, no habría existido García Ortiz. Y sin este clan, no habría Peramato.

Peramato llega, por tanto, no como una sorpresa, sino como una continuidad, como una pieza más en el engranaje del deterioro institucional orquestado por Sánchez.

Peramato, la fiscal del relato

Que nadie se engañe: este nombramiento no es casual ni técnico. Es político. Profundamente político. Sánchez necesita a alguien que garantice lo que García Ortiz ya no puede asegurar por su nueva condición de delincuente: impunidad, protección, blindaje. Necesita a quien mantenga la Fiscalía como búnker ideológico del Gobierno.

Peramato es perfecta para esa misión.

Porque no solo defiende la Ley del “solo sí es sí”. También forma parte del círculo íntimo de Delgado, de ese ambiente donde la justicia se confunde deliberadamente con activismo, donde la toga se usa para imponer doctrina, donde las víctimas solo importan si son rentables para la agenda gubernamental.

Con este nombramiento, Sánchez deja claro que no quiere una Fiscalía que investigue, sino una que obedezca. No quiere fiscales incómodos. No quiere voces propias. No quiere criterios jurídicos. Quiere una estructura disciplinada al servicio del régimen sanchista.

Y lo consigue.

Un país sin freno y sin contrapesos

España está hoy más cerca de un sistema sin contrapesos reales. El Tribunal Constitucional ha sido colonizado. El CIS es un aparato propagandístico. La Fiscalía General es un órgano al servicio del Ejecutivo. Y ahora, con Peramato, el mensaje es aún más diáfano: no habrá rectificación, no habrá cambio de rumbo, no habrá regeneración.

Se afianza el modelo. Un modelo tóxico, sectario, profundamente antidemocrático. Un modelo donde el poder lo absorbe todo, donde la justicia se convierte en un instrumento más del partido, donde el ciudadano queda desprotegido y el Gobierno se autocustodia mediante sus propios peones.

Teresa Peramato no es una técnica. No es una magistrada brillante. No es una figura de consenso.

Es un nombramiento ideológico.

Es una operación de poder.

Es un mensaje.

Un mensaje de continuidad en la podredumbre.

España merece mucho más que esta cadena de fiscales al servicio del régimen. Merece instituciones limpias, jueces independientes y un Estado que funcione al margen de las ambiciones personales de un presidente que cree que el país es de su propiedad.

Mientras tanto, Sánchez celebra su victoria particular: colocar a otra fiel soldado al frente de una Fiscalía que ya no pertenece a la nación, sino a su proyecto de poder absoluto.

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