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Dos personas sentadas aplaudiendo y sonriendo frente a un fondo rosa
OPINIÓN

SUMAR: LA MARCA BLANCA DE LA COBARDÍA

Amenazan con irse, pero nunca se van

Cuando la izquierda finge indignarse para seguir viviendo del poder.

Amenazan con irse, pero nunca se van. Se escandalizan, pero siempre miran para otro lado. Hablan de ética, feminismo y regeneración, pero se aferran al sillón como náufragos, al madero. Sumar ya no engaña a nadie: es la marca blanca del PSOE, una sucursal dócil del sanchismo y una secta política sin credibilidad, sin dignidad y sin principios.

Sumar ha vuelto a representar su función favorita: la del farol indignado. Amenazan con abandonar el Gobierno si el PSOE no “reacciona” ante los escándalos de corrupción y los casos de abusos sexuales que cercan al socialismo. Amenazan con exigir un “cambio de actitud”. Amenazan con mucho, y no hacen absolutamente nada.

Porque Sumar no está en el Gobierno para fiscalizar al PSOE. Está para sostenerlo, para apuntalarlo, para blanquearlo. Sumar no es una fuerza política autónoma: es un apéndice, un satélite, una coartada moral para que Pedro Sánchez siga en La Moncloa mientras la corrupción y la inmundicia moral se acumulan a su alrededor.

Mucho ruido, cero decisiones

Si los ministros de Sumar creyeran una sola palabra de lo que dicen, ya habrían dimitido.

Si Yolanda Díaz tuviera un mínimo de coherencia, habría abandonado el Gobierno.

Si existiera algo parecido a la dignidad política en esa organización, habrían roto la coalición hace meses.

Pero no lo hacen. ¿Por qué?

Porque no se atreven.

Porque no tienen dónde ir.

Porque viven del cargo, del coche oficial, del despacho, del sueldo y de las prebendas.

Amenazan con marcharse, y lo único que consiguen es una reunión. Una foto. Un comunicado vacío. Y después, silencio. Cabeza baja. Sumisión absoluta.

Feminismo de cartón piedra

Resulta casi obsceno escuchar a Sumar hablar ahora de acoso y abusos sexuales. Lo hacen como si no tuvieran pasado. Como si no arrastraran una historia nauseabunda que empieza en Podemos y continúa en Sumar.

Recordemos:

Fundadores señalados por alumnas cuando eran profesores universitarios.

Relatos de comportamientos impropios, abusos de poder y propuestas sexuales.

Dirigentes convertidos en emperadores sexuales, protegidos por el silencio cómplice del aparato.

Feminismo utilizado como arma política, nunca como principio moral.

Callaron entonces. Miraron hacia otro lado. Taparon. Blanquearon.

Y ahora pretenden dar lecciones al PSOE.

No es hipocresía: es cinismo puro.

El Sáhara: la gran traición silenciada

Decían defender al pueblo saharaui.

Decían que el derecho internacional era sagrado.

Decían que Marruecos era un régimen autoritario.

Y cuando Pedro Sánchez reconoció unilateralmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara, ¿qué hizo Sumar?

Nada.

Ni una dimisión.

Ni una ruptura.

Ni un gesto.

Ni un solo ministro tuvo el valor de abandonar su cartera. El Sáhara fue sacrificado, pero los sillones se conservaron. Ahí quedó claro que sus principios terminan donde empieza el BOE.

Yolanda Díaz: el ocaso de una farsa

Y en el centro de todo, Yolanda Díaz. La vicepresidente que prometía ser distinta y ha acabado siendo irrelevante. Ya no es creíble ni lo que dice ni lo que hace. Ha cambiado la épica por la supervivencia, la retórica por el silencio y la supuesta ética por el miedo.

Miedo a perder el cargo.

Miedo a quedarse fuera.

Miedo a que se acabe el chollo.

Y por ese miedo, traga. Justifica. Aguanta. Se humilla.

Sumar: desacreditados y solos

Sumar llega tarde. Muy tarde.

Cuando ahora fingen indignación, ya nadie les cree.

Sus votantes se sienten estafados.

La izquierda radical ha quedado desnuda: ni combate la corrupción ni protege a las mujeres ni defiende causas internacionales ni planta cara al poder.

Solo se defienden a sí mismos.

Esta coalición hace aguas. No por diferencias ideológicas, sino porque solo les une el miedo: miedo a perder el sueldo, el poder y el estatus que nunca tuvieron fuera de la política.

El veredicto es claro

Sumar no es alternativa.

Sumar no es regeneración.

Sumar no es izquierda transformadora.

Sumar es PSOE sin complejos, sin disimulo y sin vergüenza.

Y en las próximas elecciones, cuando llegue la factura, la pagarán cara. Muy cara.

Porque quien calla ante la corrupción y los abusos, es cómplice.

Y Sumar lo es. Sin excusas. Sin matices. Sin perdón.

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