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Señal de tráfico de zona de bajas emisiones ZBE en una carretera urbana con varios coches circulando y montañas al fondo
OPINIÓN

Emisiones cero: la gran estafa climática de Sánchez para enriquecer a China

Sánchez defiende a China, no a España

Que no te engañen.

Cuando Pedro Sánchez habla de emisiones cero en 2035 no lo hace por el bien del planeta, ni por amor a la naturaleza, ni por una supuesta preocupación medioambiental. Lo hace por negocio. Lo hace por intereses. Y lo hace para favorecer a China, con la intermediación de su gran valedor internacional: José Luis Rodríguez Zapatero.

Esto no va de salvar el planeta.

Esto va de salvar sus bolsillos.

El cambio climático convertido en negocio climático

El sanchismo ha convertido el cambio climático en una nueva religión obligatoria, con dogmas incuestionables y herejes a los que señalar. Pero detrás del discurso moralista, del lenguaje impostado y de las cumbres climáticas plagadas de jet privados, hay un inmenso negocio.

Un negocio que pasa por destruir nuestra industria, arruinar a las clases medias y trabajadoras y abrir de par en par el mercado europeo —y especialmente el español— a los coches eléctricos fabricados en China.

España es uno de los principales fabricantes de motores diésel de Europa. Miles de empleos directos e indirectos dependen de ese sector. Alemania e Italia lo saben, por eso han defendido sus intereses nacionales y han presionado en Bruselas para frenar la locura ideológica de las emisiones cero absolutas.

¿Y Sánchez qué hace?

Lo contrario.

Sánchez defiende a China, no a España

Mientras Alemania e Italia logran que la Comisión Europea rebaje la exigencia al 90% de reducción de emisiones, permitiendo que se sigan vendiendo vehículos de combustión más allá de 2035, Pedro Sánchez se indigna y manda cartas a Ursula von der Leyen quejándose.

No porque defienda a los trabajadores españoles.

No porque proteja nuestra industria.

Si no porque él quiere ir más lejos, más rápido y más radical, aunque eso suponga hundir el tejido productivo nacional.

¿Por qué?

Porque los coches eléctricos no los fabrica España.

Los fabrica China.

China, curiosamente, el país más contaminante del planeta, el que no acepta límites reales, el que no se somete a las exigencias climáticas que sí impone a Europa a través de sus socios políticos y lobbies.

Zapatero, China y la intermediación oscura

Aquí entra en escena José Luis Rodríguez Zapatero, el expresidente reciclado en lobbista internacional, siempre presente allí donde hay regímenes autoritarios, intereses oscuros y grandes negocios.

Venezuela ayer.

China hoy.

Zapatero es el puente. El intermediario. El facilitador.

Y Sánchez, su alumno aventajado.

No es casualidad que el discurso climático del Gobierno español coincida milimétricamente con los intereses industriales y estratégicos chinos. No es casualidad que se ataque al coche de combustión europeo mientras se allana el camino al coche eléctrico chino. No es casualidad que se destruya soberanía industrial en nombre de una falsa moral verde.

Una estafa contra los más humildes

La gran mentira del coche eléctrico es que no está al alcance de la mayoría.

Es más caro.

Tiene menor autonomía.

Depende de infraestructuras inexistentes.

Y obliga a una planificación constante del movimiento, eliminando la libertad real de desplazamiento.

No es una transición ecológica.

Es una transición clasista.

El rico seguirá viajando, volando y comprando lo que quiera.

El humilde quedará atrapado, limitado, vigilado y endeudado.

Porque también va de control social.

De limitar tu movilidad.

De decidir cuándo, cómo y cuánto puedes moverte.

Ni planeta ni clima: poder, dinero y control

Si de verdad se tratara de salvar el planeta, China sería el primer país señalado.

Si de verdad se tratara de reducir emisiones, se apostaría por la innovación, no por la prohibición.

Si de verdad se tratara de ecología, no se destruiría industria para importarla de fuera.

Pero no va de eso.

Va de poder, de negocio y de someter a las naciones y a los ciudadanos a una nueva fe obligatoria: la del dogma climático.

O ellos o nosotros

No hay término medio.

No hay neutralidad posible.

O ellos, con su religión climática, su negocio verde y su sumisión a China.

O nosotros, defendiendo la libertad, la industria, el empleo y el derecho a movernos sin tutela ideológica.

Nunca se trató de salvar el planeta.

Se trató —y se trata— de salvar sus negocios.

Y frente a esta estafa monumental, solo cabe resistencia, denuncia y combate político.

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