Hoy Pedro Sánchez ha comparecido. Y, como era de esperar, no ha dicho nada útil ni asumido responsabilidad alguna. Ha salido a escena para lo de siempre: mentir, manipular, echar la culpa a otros y vender humo verde mientras España se hunde.
La realidad es que el pasado lunes, España sufrió un colapso energético sin precedentes, un apagón que paralizó nuestro país mientras el resto de Europa seguía funcionando. No fue un accidente. No fue mala suerte. Fue el resultado directo de la nefasta gestión energética del PSOE, de su "transición ecológica" sectaria, y de su absoluto desprecio por la soberanía nacional.
El ministerio de Transición Ecológica, dirigido por burócratas dogmáticos que creen en cuentos de hadas climáticos antes que en la seguridad energética real, ha dinamitado las bases que sustentaban nuestro sistema eléctrico. Cerraron centrales nucleares, despreciaron la energía de base, apostaron ciegamente por renovables intermitentes y absolutamente incapaces de sostener un país moderno.
La gran estafa de las renovables, ese negocio multimillonario para fondos buitre y especuladores verdes, ha dejado a España indefensa. Dependemos del viento, del sol, y del capricho de un sistema inestable y frágil. Y cuando falla, como falló el lunes, no hay red de seguridad. Solo oscuridad, parálisis y ruina.
Y lo más grave: no solo el PSOE ha comprado esta locura. También el Partido Popular, siempre acomplejado y temeroso de la izquierda mediática, ha aceptado el discurso de la "transición verde". También han aplaudido el cierre de nucleares, también han apoyado la Agenda 2030, también se han sumado al suicidio energético nacional.
Hoy Sánchez no comparecía para dar soluciones. Comparecía para blanquear su ineptitud, para buscar chivos expiatorios, y para preparar la siguiente fase de su agenda totalitaria. Ya lo insinúa: el gran apagón será usado como excusa para más "rearme" de su régimen, para más control digital, para más censura bajo la excusa de los "ciberataques".
Pero la verdadera amenaza para España no son los hackers. Es Pedro Sánchez y su gobierno.







