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Retrato de la Reina Isabel La Católica
OPINIÓN

Isabel la Católica: la mujer que hizo España sin pedir permiso al feminismo

La opinión de Javier García Isac de hoy, viernes 12 de diciembre de 2025

Se ha cumplido recientemente un nuevo aniversario de la muerte de Isabel I de Castilla, el 26 de noviembre de 1504, y, como tantas otras grandezas de nuestra historia, su figura ha pasado casi de puntillas por el calendario oficial, sepultada bajo el ruido artificial de las consignas ideológicas del presente. No es casual. A Isabel la Católica se la intenta minimizar, manipular o directamente silenciar porque desmonta de raíz el relato victimista y sectario del feminismo ideológico del siglo XXI. Su vida es la mejor prueba de que la grandeza de una mujer no necesita cuotas, ni pancartas, ni ministerios de propaganda.

Isabel no fue “empoderada” por ninguna ingeniería social. Fue poderosa porque valía, porque gobernó, porque decidió y porque cambió la Historia. Sin complejos. Sin pedir permiso. Sin pedir perdón.

Y con ella, nació España tal como hoy la entendemos.

Isabel la Católica: cuando una mujer funda una nación

Isabel accede al trono de Castilla en 1474 tras una guerra civil. Gobierna en un mundo de hombres, en un tiempo de hierro, intrigas, traiciones y guerras. Y no solo sobrevive: se impone, manda y construye Estado.

Junto a Fernando de Aragón, impulsa la unión dinástica de Castilla y Aragón, que será la base política de la España moderna. No hablamos de un símbolo, hablamos de poder real, efectivo, transformador. Isabel no fue una figura decorativa. Fue soberana con mando en plaza.

Bajo su reinado:

Se pone fin a la Reconquista con la toma de Granada en 1492, culminando ocho siglos de lucha por la unidad territorial.

Se sientan las bases de un Estado moderno, con administración, justicia, impuestos y control del poder.

Se impulsa una profunda reforma institucional.

Se protege la autoridad de la Corona frente a los abusos de la nobleza.

Y, por supuesto, se abre el Nuevo Mundo.

1492: el año que cambió el mundo… y lo hizo una reina

En 1492 no solo cae Granada. Ese mismo año, Isabel toma una de las decisiones más audaces, más arriesgadas y más trascendentales de toda la Historia Universal: apoyar el proyecto de Cristóbal Colón.

Mientras muchos se burlaban del navegante genovés, mientras los sabios dudaban y las cortes desconfiaban, Isabel apostó por la aventura imposible. Vendió sus joyas, empeñó su crédito, sostuvo el proyecto.

¿El resultado?

El descubrimiento de América.

El nacimiento del mayor imperio de la Historia.

La expansión de la lengua, la cultura, la fe y el Derecho español a medio mundo.

Todo eso lo decidió una mujer.

Sin cuotas.

Sin ideología de género.

Sin ministerios de “igualdad”.

La gran ironía: el feminismo que detesta a la mujer que más hizo por la Historia

Aquí aparece la gran paradoja de nuestro tiempo. El feminismo oficial, ese que vive de subvenciones, dogmas y consignas, detesta a Isabel la Católica. ¿Por qué? Porque no encaja en su relato:

Fue reina sin victimismo.

Fue poderosa sin resentimiento.

Fue madre, esposa y gobernante sin pedir disculpas.

Fue creyente, católica y defensora de la unidad de España.

Todo lo que el feminismo ideológico desprecia.

Para esta nueva religión política, Isabel no sirve porque destruye la mentira de que la mujer solo puede avanzar enfrentándose al hombre, a la tradición, a la nación y a la fe. Isabel gobernó con hombres, no contra ellos, y construyó una nación junto a su esposo, no desde el odio.

Mientras hoy se premia a ministras por su obediencia ideológica, Isabel ganó su lugar en la Historia por sus hechos.

De Isabel la Católica a Irene Montero: del poder real al poder subvencionado

La comparación es dura, pero inevitable.

Isabel levantó un Estado.

El feminismo actual levanta chiringuitos.

Isabel unió España.

El feminismo actual la fragmenta.

Isabel apostó por el mérito.

El feminismo actual impone la cuota.

Isabel abrió continentes.

El feminismo actual abre expedientes ideológicos.

Isabel hizo Historia.

El feminismo actual hace propaganda.

No hay comparación posible. Solo contraste. Y el contraste es demoledor.

El legado silenciado

Hoy se intenta presentar a Isabel como un personaje incómodo, polémico, “a revisar”. Se retuercen los hechos, se sacan de contexto las decisiones de un tiempo histórico radicalmente distinto al nuestro, se manipula su figura para convertirla en caricatura. Todo con un objetivo: borrar a España de su propio origen.

Pero por mucho que se empeñen, España empieza con Isabel. Empieza con su visión de Estado, con su firmeza, con su fe, con su coraje. Empieza con una mujer que no necesitó que nadie la empoderara porque ya era poder.

Recordar a Isabel es un acto de rebeldía hoy

En una España sometida al relativismo, al feminismo dogmático, al desprecio por su propia historia y al complejo permanente, recordar a Isabel la Católica es hoy un acto de resistencia intelectual y moral.

Recordarla es decir que:

La mujer no necesita ser víctima para ser grande.

El mérito es superior a la cuota.

La historia de España es una historia de grandeza.

Y que la verdad no se somete a la ideología.

Isabel vive donde España no se rinde

Isabel la Católica murió en 1504, pero su legado sigue vivo allí donde alguien defiende la unidad de España, la verdad histórica, el mérito, la libertad y la soberanía frente a la manipulación del poder político y de sus satélites ideológicos.

Mientras el feminismo oficial fabrica héroes de cartón, España ya tuvo una reina de carne, fe, poder y obra. Se llamaba Isabel. Fue católica, fue reina, fue madre de una nación.

Y mientras quede un solo español que recuerde esto, Isabel no habrá muerto del todo.

➡️ Opinión

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