
1640: cuando la burguesía catalana volvió a traicionar a España y a los propios catalanes
Una traición de salón, de despacho, de élites acomodadas que decidieron venderse al enemigo exterior para proteger sus privilegios interiores
Lo que ocurrió en 1640 no fue una rebelión del pueblo catalán. Fue algo mucho más grave y mucho más cobarde: una traición de la burguesía catalana contra España y contra su propio pueblo. Una traición de salón, de despacho, de élites acomodadas que decidieron venderse al enemigo exterior para proteger sus privilegios interiores.
Aquella burguesía catalana se puso al servicio de Francia, del invasor extranjero, mientras enviaba al campesinado y a los pobres a morir como carne de cañón. Ellos pactaban, negociaban, conspiraban. Los humildes ponían los muertos.
Lo hicieron entonces.
Y lo hacen ahora.
Porque el separatismo nunca ha sido una causa popular auténtica. Ha sido siempre un negocio de élites, un instrumento de chantaje, una industria política basada en la mentira, el victimismo y la extorsión al Estado. Antes con Richelieu y Luis XIII. Hoy con Bruselas, con Sánchez y con el BOE como arma.
La burguesía catalana nunca ha querido libertad.
Siempre ha querido impunidad.
En 1640 se vendieron a Francia.
En el siglo XXI se venden al mejor postor político.
Y hoy ese comprador se llama Pedro Sánchez.
Junts, ERC y el viejo negocio de la traición organizada
Junts amenaza al PSOE, pero no le retira el apoyo. Gruñe, pero no muerde. Hace teatro, pero nunca derriba el escenario. Porque vive del sistema que dice combatir. Exactamente igual que la vieja burguesía de 1640, que fingía defender a Cataluña mientras la entregaba al extranjero.
Junts, ERC y el PSOE forman hoy una unidad de intereses:
Sánchez necesita el poder para evitar responder ante la Justicia.
El separatismo necesita a Sánchez para seguir desguazando el Estado trozo a trozo.
No es un pacto ideológico.
Es un pacto de supervivencia criminal.
Amenazan con romper, pero nunca rompen. Porque si cae Sánchez, cae todo el andamiaje de privilegios, corrupción, indultos, amnistías, dinero y poder.
El clan Pujol: el verdadero rostro de la burguesía separatista
Y en medio de todo esto, reaparece el clan Pujol. El patriarca del separatismo moderno, el símbolo de la “Cataluña honrada”, el padre espiritual del procés, sentado por fin en el banquillo.
El juicio al clan Pujol no es solo un juicio por corrupción.
Es un juicio al separatismo entero.
Al de antes.
Y al de ahora.
Porque el proyecto político que hoy se presenta como “liberador” nació ya podrido. Nació robando. Se construyó saqueando. Se sostuvo extorsionando. Se enriqueció traicionando.
Pujol y los suyos colocaron todos los cimientos del sistema:
El adoctrinamiento.
El expolio fiscal.
La red clientelar.
La falsa superioridad moral.
Y la corrupción como norma de gobierno.
Lo que hoy vemos con Junts, ERC y la Generalidad es la herencia directa de Pujol. Misma avaricia. Mismo desprecio por España. Mismo uso de Cataluña como moneda de chantaje. Mismo odio a la verdad.
La traición de 1640 no fue una anomalía: fue un patrón
La burguesía catalana de 1640 no defendió a los catalanes.
Los utilizó.
Los sacrificó.
Los empujó a la guerra mientras ellos cerraban pactos con Francia.
Hoy ocurre lo mismo:
Pactan con Sánchez.
Venden a España.
Y utilizan al pueblo catalán como herramienta de presión política.
Antes se llamaba Corpus de Sangre y luego guerra de los segadores.
Hoy se llama procés.
Pero la lógica es idéntica.
España no tiene un problema con Cataluña. Tiene un problema con sus élites traidoras
España no tiene un conflicto con los catalanes.
Lo tiene con una casta política, económica e ideológica que lleva siglos viviendo de la traición.
Antes fue Francia.
Hoy es el sanchismo.
Pero el mecanismo es idéntico: vender la Nación para salvar el negocio.
Y mientras tanto, el pueblo catalán sigue siendo, como en 1640, el gran engañado. El gran utilizado. El gran sacrificado por una burguesía que nunca ha creído en nada que no fuera su propio beneficio.
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