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Hombre con uniforme militar blanco y capa gris sentado en una silla dorada con expresión seria en un entorno elegante de tonos rojos
OPINIÓN

Napoleón, las élites traidoras y Pedro Sánchez: cuando el enemigo no entra por la fuerza, sino por la cobardía

Napoleón no necesitó vencer a España en el campo de batalla para ocuparla, le bastó con corromper a sus dirigentes

El 2 de diciembre de 1804, Napoleón Bonaparte se coronó emperador a sí mismo. No lo eligió nadie. No lo votó nadie. Se impuso por la fuerza del poder personal, la propaganda y el miedo. Comenzaba una de las etapas más oscuras para Europa y una de las más trágicas para España. Porque pocos años después, el ejército francés entró en nuestro país sin encontrar resistencia real por parte del poder político. No fue una invasión clásica. Fue una entrega vergonzante de la soberanía por parte de las élites españolas.

Napoleón no necesitó vencer a España en el campo de batalla para ocuparla. Le bastó con corromper a sus dirigentes, dividir a la Corte, manipular a la élite ilustrada y aprovechar la debilidad moral del poder. El resultado fue devastador: saqueo, humillación, destrucción del Estado, ocupación militar, violencia y una guerra brutal que solo el pueblo español, abandonado por sus dirigentes, tuvo el valor de enfrentar el 2 de mayo de 1808.

Las élites traicionaron.

El pueblo resistió.

Esta es una lección que la historia ha repetido una y otra vez, y que hoy vuelve a cumplirse con inquietante exactitud.

España hoy no está ocupada por ejércitos extranjeros, sino por un Gobierno colonizado ideológicamente

Hoy no vemos tropas francesas patrullando nuestras calles, pero vemos algo mucho más grave: un Gobierno ocupado por quienes odian la idea misma de España.

Pedro Sánchez gobierna con apoyo de lo peor de cada casa, solo unidos por su odio visceral a España. Gobierna sostenido por:

Separatistas que quieren romper la Nación.

Herederos políticos de ETA.

Comunistas declarados y marcas blancas del propio PSOE.

Y sobre todo apoyado por una red de intereses corruptos que solo buscan blindarse judicialmente.

Es una ocupación política desde dentro.

Una colonización institucional sin tanques, pero con BOE.

Sin soldados, pero con fiscales sometidos.

Sin invasión militar, pero con rendición moral.

Y como en tiempos de Napoleón, las élites vuelven a mirar para otro lado.

Las élites de hoy: silencio, cobardía y complicidad

¿Dónde están hoy las grandes élites económicas cuando España se descompone?

¿Dónde están los grandes medios cuando la corrupción cerca al Gobierno?

¿Dónde están cuando el separatismo impone su agenda?

¿Dónde están cuando se liquidan jueces, se ataca al poder judicial y se coloniza la Fiscalía?

Están donde siempre han estado cuando España ha estado en peligro: mirando por su cuenta de resultados, por su publicidad institucional, por sus contratos y por su tranquilidad.

En 1808 justificaron a Napoleón desde los salones ilustrados.

Hoy justifican a Sánchez desde los platós, desde las redacciones subvencionadas y desde los despachos donde se reparte el dinero público.

La traición ya no se firma con Francia.

Se firma con la corrupción.

Junts hoy ocupa el papel del colaboracionista

En aquella España ocupada hubo colaboracionistas. Hoy también los hay. Y llevan nombre propio: Junts, ERC, Bildu, Podemos y Sumar.

Junts amenaza a Sánchez cada semana. Lo insulta. Le exige más dinero, más impunidad, más cesiones. Pero nunca le retira el apoyo decisivo. Nunca apoya una moción de censura. Nunca tumba el Gobierno.

¿Por qué?

Porque Junts no quiere un Estado fuerte.

Quiere un Estado débil que pueda seguir siendo chantajeado.

Prefieren un Sánchez arrodillado antes que una España soberana.

Prefieren la ruina nacional antes que perder el negocio del conflicto.

Igual que los colaboracionistas de 1808 preferían a Napoleón antes que una España libre.

Sánchez gobierna porque sabe que fuera del poder le espera la Justicia

Napoleón se coronó emperador para blindarse.

Sánchez se aferra al poder por exactamente el mismo motivo: para sobrevivir.

Sabe que cada día que pasa aparecen más causas judiciales, más imputaciones, más escándalos, más nombres, más tramas.

Sabe que fuera de la Moncloa no le espera una jubilación tranquila, sino un rosario de tribunales.

Y por eso aguanta.

Y por eso cede.

Y por eso vende España al mejor postor.

No gobierna por proyecto.

Gobierna por huida.

España vuelve a vivir el mismo dilema que en 1808

En 1808, las élites traicionaron y el pueblo respondió.

Hoy las élites vuelven a fallar, y el pueblo aún no ha reaccionado con la fuerza suficiente.

España vuelve a estar ante la misma disyuntiva histórica:

O la resignación.

O la resistencia cívica, política y moral.

Porque cuando el poder se convierte en una trinchera para delincuentes;

cuando el separatismo dicta la agenda nacional;

cuando la corrupción se convierte en el pegamento del sistema;

cuando la mentira se impone como política oficial…

el problema ya no es de izquierdas o derechas.

Es un problema de supervivencia nacional.

Napoleón cayó. Todos los tiranos caen. Pero siempre dejan un precio altísimo

Napoleón cayó. Sánchez también caerá.

Pero entre tanto, el daño que se causa a España es profundo, estructural y muchas veces irreversible.

Napoleón destruyó generaciones.

Sánchez destruye instituciones.

Napoleón saqueó el país.

Sánchez saquea la credibilidad del Estado.

Napoleón humilló a España desde fuera.

Sánchez la humilla desde dentro, con sonrisa, con propaganda y con escolta.

La historia no siempre se repite con los mismos uniformes.

A veces se repite con traje, corbata y televisión pública al servicio del poder.

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