El Gobierno de España ha cruzado una línea más. Y no es una línea menor, ni anecdótica, ni fruto de la improvisación. Es una decisión profundamente ideológica, electoralista y destructiva: la regularización masiva de más de 500.000 inmigrantes ilegales a exigencia de Podemos y con el aplauso entusiasta del PSOE.
No estamos ante una política humanitaria. Estamos ante una operación de ingeniería social y de cálculo electoral. Una maniobra fría, cínica y perfectamente planificada que busca alterar la composición social y, a medio plazo, el mapa electoral de España.
De ilegales a votantes: el objetivo final
Conviene no engañarse ni engañar a los españoles.
Las personas que hoy son regularizadas de forma masiva, saltándose cualquier criterio de legalidad, de mérito, de integración o de respeto al país que las acoge, mañana serán nuevos electores. Electores agradecidos, cautivos, dependientes del poder político que les ha regalado papeles, ayudas y derechos sin exigir absolutamente nada a cambio.
El mensaje es demoledor:
— Entrar ilegalmente sale rentable.
— Cumplir la ley es de tontos.
La izquierda lo sabe. El Gobierno lo sabe. Y lo sabe muy bien.
En un escenario de desgaste político, corrupción, gestión desastrosa y rechazo social creciente, el sanchismo necesita fabricar votantes, no convencer ciudadanos.
La concepción sectaria de Podemos
Esta regularización masiva no se entiende sin la cosmovisión ideológica de la izquierda radical, heredera directa de la secta política diseñada por Pablo Iglesias —Pablo Iglesias—, donde España no es una nación que proteger, sino un territorio a deconstruir.
Para ellos, la inmigración ilegal no es un problema:
es una herramienta.
Una herramienta para:
Debilitar la identidad nacional
Fragmentar la cohesión social
Aumentar la dependencia del Estado
Y garantizar bolsas de voto fiel.
No creen en fronteras, ni en nación, ni en comunidad histórica. Creen en masas desarraigadas, fácilmente manejables, sometidas al subsidio y a la tutela política permanente.
Sustitución poblacional: una realidad incómoda
Lo que está ocurriendo en España no es un fenómeno espontáneo, ni un accidente, ni una fatalidad histórica. Es una estrategia consciente de sustitución poblacional, promovida desde el poder, financiada con dinero público y blindada con censura mediática.
Personas procedentes, en su mayoría, de entornos culturales incompatibles con los valores occidentales, con nula voluntad de integración y con costumbres profundamente ajenas a nuestra civilización, son introducidas de forma masiva mientras:
Se precariza al trabajador español
Se expulsa a los jóvenes del mercado de la vivienda
Se hunde la natalidad
Y se criminaliza cualquier defensa de la identidad nacional
No es casualidad. Es el plan.
Servicios públicos al límite: los que pagan siempre son los mismos
La izquierda repite, como un mantra, que estos inmigrantes “vendrán a pagar las pensiones”.
Es mentira. Otra más.
La realidad es tozuda:







