Hoy quiero recordar a Ramiro de Maeztu, uno de los grandes pensadores españoles del primer tercio del siglo XX. Su vida y su muerte resumen como pocas cosas la grandeza intelectual y la miseria moral de una España desgarrada. Maeztu representó la hispanidad, la tradición, la búsqueda de la verdad frente al dogma ideológico. Y por eso lo asesinaron. No por error, no por exceso: por lo que pensaba.
Un intelectual incómodo
Maeztu fue periodista, ensayista, diplomático y pensador. Evolucionó —como evolucionan los espíritus honestos— desde posiciones iniciales más cercanas al regeneracionismo hacia una defensa sólida de la tradición española, de la nación como comunidad histórica y moral. En Defensa de la Hispanidad dejó una idea central que hoy vuelve a incomodar: España no es un accidente, es una civilización.
Frente al materialismo, el relativismo y el odio de clases, Maeztu defendió la responsabilidad, el deber, la autoridad legítima y una visión espiritual de la vida pública. No era un hombre de consignas; era un hombre de ideas. Y las ideas, cuando son verdaderas y profundas, asustan a los fanáticos.
Inspiración política y compromiso
Maeztu no se quedó en la torre de marfil. Influyó en políticos y hombres de Estado de su tiempo. Su pensamiento inspiró a figuras como Jose Calvo Sotelo, con quien compartía una visión clara de España como nación y de la política como servicio. Maeztu entendió que la neutralidad ante la barbarie es complicidad. Defendió la caballería del espíritu —la nobleza en el combate intelectual— aun sabiendo que ese compromiso podía costarle la vida.
Y le costó.
El asesinato: la barbarie roja
En 1936, al comienzo de la Guerra Civil, Ramiro de Maeztu fue detenido, encarcelado y asesinado por milicias del Frente Popular. No hubo juicio. No hubo defensa. Hubo odio. El crimen de Maeztu forma parte de esa lista incómoda de asesinatos de intelectuales, sacerdotes, militares y ciudadanos cometidos por quienes decían luchar por la libertad.
La izquierda nunca ha pedido perdón por estos crímenes. Al contrario: los ha blanqueado, relativizado o silenciado. Mientras se habla de “memoria”, se practica el olvido selectivo. Mientras se señalan unas víctimas, se borran otras.







