
El PSOE, juez de la memoria: el partido que provocó la guerra pretende ilegalizar a quienes defendieron a España
La opinión de Javier García Isac de hoy, lunes 1 de diciembre de 2025
Hay que reconocerle una cosa al socialismo español: su capacidad para la manipulación histórica no conoce límites. Y no es nueva. Lo llevan en su ADN desde que aparecieron en la vida pública amenazando a Antonio Maura con un atentado personal, desde que alentaron huelgas revolucionarias, quemas de iglesias, persecuciones políticas y asesinatos selectivos. Ahora, en pleno siglo XXI, vuelven a exhibir su rostro más totalitario: quieren ilegalizar—sí, ilegalizar—a las fundaciones que conservan la memoria de quienes los derrotaron o de aquellos a los que ellos mismos asesinaron.
El Gobierno ha iniciado ya los trámites para lo que llaman, con uno de esos eufemismos repugnantes que tanto gustan al sanchismo, “extinción” de la Fundación Nacional Francisco Franco. Extinción. Eliminación. Borrado. Purga. Palabras que sólo se escuchan en regímenes que juegan a reescribir la historia y a domesticar la memoria al gusto del poder. Pero no contentos con eso, ahora van más allá: también pretenden meter mano a la Fundación José Antonio Primo de Rivera, o la Fundación Blas Pilar, y a cualquier asociación o colectivo que no comulgue con la versión oficial del pasado que el PSOE quiere imponer.
¿La razón? Muy sencilla: van a por todo aquello que recuerde que hubo un tiempo en que España se levantó contra el caos, la violencia socialista y el desgobierno criminal de la II República. Les molesta cualquier voz, documento, archivo, libro o institución que pueda recordarles la verdad: ellos fueron los que provocaron la guerra civil, ellos fueron los que arrastraron a España a una tragedia fratricida, ellos fueron los que asesinaron, incendiaron y desestabilizaron hasta hacer imposible la convivencia.
La ironía histórica: el partido del crimen acusando a otros de “criminales”
El PSOE, partido con un historial de sangre, odio y traiciones, pretende hoy declarar ilegales a fundaciones que preservan la memoria de la España que ellos quisieron destruir. El PSOE, cuyos militantes asesinaron a Calvo Sotelo; el PSOE que permitió la violencia desatada en los años 30; el PSOE de Largo Caballero, que ya se autoproclamaba el “Lenin español”; esos mismos, ahora, disfrazados con la máscara de la “democracia”, acusan a otros de peligrosos.
Acusan a otros de los delitos que ellos cometieron, ellos que siguen sin condenar ni uno solo de los crímenes del Frente Popular. Es más, se sienten orgulloso de haber protagonizado ese baño de sangre y crimen, mientras condenan a los que se sublevaron por no dejarse matar.
Acusan de antidemocráticos, mientras ellos siguen pactando con terroristas y golpistas.
Acusan de peligrosos, mientras ellos destruyen la independencia judicial, persiguen a periodistas y compran medios con millones en subvenciones.
El PSOE no es un partido democrático. Es un partido que utiliza la democracia para destruir la democracia.
José Antonio: asesinado, enterrado, profanado, ¿y ahora también ilegalizado?
Resulta especialmente obsceno que los mismos que ordenaron su asesinato en noviembre de 1936, tras un juicio farsa dirigido por Largo Caballero, vengan ahora—noventa años después—a por la fundación que conserva su legado intelectual y humano.
Ya no les bastó con asesinarlo. Ya no les bastó con ocultar su cuerpo. Ya no les bastó con profanar su tumba en la mayor demostración de barbarie institucional en décadas. Ahora quieren borrar su memoria de nuevo. No pueden soportar que se hable de José Antonio sin la caricatura miserable que ellos han construido. Tienen pánico a un pensamiento que los deja moralmente desnudos: el pensamiento del deber, de la justicia, del sacrificio, de la idea de España por encima de los partidos.
Pero España no se construye prohibiendo libros, derribando cruces o ilegalizando fundaciones. Eso sólo lo hace quien teme a la verdad.
El ataque final del socialismo: reescribir la historia y perseguir a los vencedores
La izquierda española nunca perdonó que Franco y los nacionales les derrotaran. No lo han superado. No pueden superarlo. El socialismo español vive anclado en un odio tribal, atávico, obsesivo, que les impide mirar al futuro. Y por eso hoy, después de casi 90 años, aún siguen queriendo ajustar cuentas con los muertos. No les interesa la memoria ni la justicia: les interesa el control social, la ingeniería mental, la hegemonía cultural.
No nos engañemos: si el PSOE pudiera, ilegalizaría no sólo la Fundación Franco o la Fundación José Antonio. Ilegalizaría cualquier disidencia, cualquier oposición, cualquier persona que no acepte su verdad oficial. Ese es el sueño húmedo del sanchismo: una España sometida, amnésica y dócil.
El PSOE, incompatible con la convivencia y con el progreso
Es urgente decirlo:
el PSOE es incompatible con el progreso, con la convivencia, con la libertad y con la verdad histórica.
Lo ha sido siempre.
Lo fue en 1934, lo fue en 1936, lo fue durante los GAL, lo fue con Zapatero y lo es hoy con Sánchez.
Un partido que manipula la historia, que censura, que elimina, que prohíbe, que persigue, que cambia leyes para blindarse, que quiere ilegalizar fundaciones, no tiene cabida en una democracia sana.
Si algún partido debería ser ilegalizado por antidemocrático, sectario, violento y corrupto, ese es precisamente el Partido Socialista Obrero Español y toda su red de chiringuitos, ONGs, fundaciones y estructuras satélite que viven del odio al pasado y del expolio del presente.
La memoria no se destruye: se defiende
Por eso hay que decirlo alto y claro:
No será el PSOE quien nos diga cómo fue la historia.
No será el PSOE quien decida qué se puede recordar y qué no.
No será el PSOE quien determine qué memoria es válida y cuál debe ser borrada.
La memoria de quienes salvaron a España del socialismo no se extingue por decreto.
Podrán ilegalizar, censurar, manipular y perseguir.
Pero no podrán borrar la verdad.
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