
La cristianofobia silenciada: los mártires de África y la cobardía de Europa
Mientras la Unión Europea organiza cruceros ridículos y flotillas performativas para proteger a colectivos que no están siendo exterminados
Hay silencios que son crímenes. Y hoy, en pleno siglo XXI, mientras Europa se arrodilla ante la ideología de la corrección política, el silencio sobre la persecución de los cristianos se ha convertido en un auténtico acto de complicidad.
Sí, complicidad. Porque cuando se oculta, se minimiza o directamente se niega una realidad tan dramática como el exterminio sistemático de cristianos en África, uno deja de ser un observador para convertirse en un colaborador pasivo del verdugo.
Mientras la Unión Europea organiza cruceros ridículos y flotillas performativas para proteger a colectivos que no están siendo exterminados, miles de cristianos mueren decapitados, violados, torturados o quemados vivos por el fanatismo islámico. Pero de eso no se habla. No interesa. No da medallas. No alimenta la narrativa progresista. No sirve para arrodillar a Occidente ante su propio complejo de culpa.
Nigeria: la masacre que Europa no quiere mirar
Nigeria es hoy uno de los lugares más peligrosos del planeta para ser cristiano. Los terroristas de Boko Haram —o Boko Jan, como ya les conocen en la región— llevan más de una década secuestrando niñas, destruyendo aldeas, arrasando iglesias, quemando vivos a pastores y catequistas, sembrando un terror sistemático ante la indiferencia absoluta de las instituciones europeas.
Cada semana hay muertos. Cada semana hay atentados. Cada semana hay decenas de familias que desaparecen.
Y, sin embargo, cada semana, la UE mira hacia otro lado.
¿Por qué?
Porque estos cristianos no encajan en el relato del victimismo selectivo. Porque denunciar lo que ocurre en Nigeria significaría admitir que el islamismo radical es una amenaza real, tangible, creciente, justo cuando Europa abre sus fronteras de par en par a una inmigración masiva, descontrolada y profundamente inasimilable que está reproduciendo aquí los mismos patrones de fanatismo que destruyen África.
Congo: la barbarie pura que nadie quiere contar
Pero si Nigeria es un drama constante, lo que está sucediendo en el Congo es directamente un genocidio religioso.
Hace apenas unos días doce cristianos fueron decapitados en una aldea remota.
Doce. En un solo ataque.
Decapitados por el simple hecho de ser cristianos.
Poco antes, una joven youtuber de veinte años, valiente como pocas, fue asesinada únicamente por denunciar en sus vídeos las atrocidades que cometen estos islamistas.
A golpes. A machetazos.
Por decir la verdad.
Por advertir al mundo.
Por no arrodillarse.
Ella es el símbolo de nuestra época: una joven que muere con dignidad mientras Europa vive de rodillas.
La cristianofobia que recorre Europa
Porque la cristianofobia no está solo en Nigeria o en el Congo. Está también en Europa.
Cristianofobia es silenciar estas matanzas.
Cristianofobia es financiar ONG que jamás levantarán la voz por los cristianos asesinados.
Cristianofobia es condenar cualquier microagresión imaginaria, pero ignorar una decapitación real.
Cristianofobia es llenar Europa de integristas sin ningún control, mientras se demoniza a quienes alertan del peligro.
Europa ha perdido su orgullo, su identidad y su fe. Y, con ello, ha perdido la capacidad de defender a quienes comparten esa misma fe en los lugares más hostiles del planeta.
Mientras tanto, miles de fanáticos entran cada año procedentes del Magreb, sin documentación, sin control, sin pasado conocido y con un futuro que Europa parece no querer afrontar.
La flotilla que sí se aplaudió, y las muertes que sí se ocultan
Podemos recordar la famosa “flotilla de Gaza”, un espectáculo propagandístico que tuvo más cobertura mediática que todas las matanzas de cristianos juntas en las últimas dos décadas.
Una flotilla sin efecto real, sin misión humanitaria auténtica, sin sentido más allá del postureo ideológico.
¿Dónde está la flotilla para Nigeria?
¿Dónde está la flotilla para Congo?
¿Dónde están los conciertos benéficos, los lazos, las pancartas, las manifestaciones?
¿Dónde están los ministros europeos arrodillándose por los decapitados?
¿Dónde están los reportajes de investigación, los premios periodísticos, las portadas?
No están. Ni estarán.
Porque la vida de un cristiano africano no sirve al relato. No da votos. No alimenta la maquinaria ideológica que gobierna Europa.
Homenaje a los mártires modernos
Desde aquí, desde una España que fue faro de la Cristiandad y que hoy parece empeñada en renunciar a sí misma, debemos rendir homenaje a esos hombres y mujeres que siguen fieles a su fe, aun cuando eso significa enfrentarse al machete, al fusil o al fuego.
Son héroes auténticos.
Son los mártires de nuestro tiempo.
Son el testimonio de que la fe cristiana sigue viva allí donde Europa ya la ha abandonado.
Y son la prueba de que el mal crece cuando los buenos callan.
Europa debe despertar
Europa tiene tres opciones:
1. Aceptar la realidad del islamismo radical, que está exterminando cristianos en África y expandiéndose en Occidente.
2. Cerrar los ojos, como hace ahora, hasta que la violencia que arrasa aldeas africanas llegue a nuestros barrios.
3. O recuperar la dignidad, la identidad y la valentía que hicieron grande a esta civilización.
De momento, ha elegido la cobardía.
Pero aún estamos a tiempo de elegir la libertad.
Hoy, más que nunca, debemos levantar la voz por Nigeria, por el Congo, por esa joven asesinada por denunciar lo que otros callan, por los doce decapitados, por los millones de cristianos perseguidos en silencio.
Si Europa calla, hablemos nosotros.
Si Europa oculta, denunciemos nosotros.
Si Europa ha renunciado a su fe, defendámosla nosotros.
Por ellos.
Por nosotros.
Por la verdad.
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