La cobardía del Vaticano y de la Conferencia Episcopal Española es una afrenta intolerable. Sumisamente, y con una actitud vergonzosamente entreguista, ponen en manos del PSOE el Valle de los Caídos, precisamente al partido que se jacta orgullosamente de ser heredero y responsable de la más feroz persecución religiosa de nuestra historia reciente, con más de 7.000 religiosos asesinados durante su etapa más negra. Un acto que no solo constituye una traición a la memoria de los mártires, sino también una humillante capitulación frente a quienes siempre han mostrado un profundo desprecio hacia la fe católica y sus creyentes.
Estos fariseos de hoy, instalados cómodamente en sus poltronas eclesiales, deben ser expulsados sin contemplaciones del templo que han mancillado con su pusilanimidad y cobardía. Prefieren mantener cálidas reuniones con personajes siniestros como Isabel Celaá o Félix Bolaños, embajadora y ministro del partido que promueve el odio histórico contra la Iglesia, en lugar de atender y defender con valentía a las familias de las víctimas y mártires que van a ser ultrajadas con esta profanación.







