La gestión de cada uno de los ministros se mide no solo por los resultados tangibles, sino también por la visión que contemplan los ciudadanos a través de su labor pública en el ámbito cotidiano.
Fernando Grande-Marlaska, magistrado y ministro del Interior desde 2018, se ha convertido en un claro arquetipo de cómo un cargo político con una trayectoria previa de alto nivel, puede verse envuelta en un rumbo decreciente debido a la dejadez y la falta de liderazgo efectivo. Su inacción frente a ciertos desafíos que enfrenta el país en materia de seguridad, orden público y justicia ha dejado patente la desidia y el descontrol de un Ministerio que abandona cuestiones tan importantes que afectan la estabilidad en muchos sectores.









