
La Dejadez de Marlaska, un ministro a la Deriva
Su inacción frente a ciertos desafíos ha dejado patente el descontrol de un Ministerio
La gestión de cada uno de los ministros se mide no solo por los resultados tangibles, sino también por la visión que contemplan los ciudadanos a través de su labor pública en el ámbito cotidiano.
Fernando Grande-Marlaska, magistrado y ministro del Interior desde 2018, se ha convertido en un claro arquetipo de cómo un cargo político con una trayectoria previa de alto nivel, puede verse envuelta en un rumbo decreciente debido a la dejadez y la falta de liderazgo efectivo. Su inacción frente a ciertos desafíos que enfrenta el país en materia de seguridad, orden público y justicia ha dejado patente la desidia y el descontrol de un Ministerio que abandona cuestiones tan importantes que afectan la estabilidad en muchos sectores.
Una carrera profesional en la judicatura, bajo un perfil técnico que podría haber aportado una visión renovada y estratégica en la gestión de la seguridad y que finalmente ha quedado significativamente cuestionada ante su falta de respuesta en asuntos tan sencillos como la reposición de material de los Agentes de la Guardia Civil. Lo ocurrido en el puerto de Barbate cuando dos agentes de la Guardia Civil fueron asesinados tras ser embestidos por una narcolancha, muestra la desidia del ministro y los problemas a los que se enfrentan los agentes del servicio marítimo para cumplir con su trabajo diario. Todo esto ha puesto en jaque a las fuerzas de seguridad que se han quedado sin una intervención decidida por parte del Ministerio del Interior.

En cuanto a los abusos policiales, es otra de las cuestiones espinosas bajo su potestad. Grande-Marlaska ha mostrado una actitud condescendiente, sin una actuación firme que garantizara el respeto por los derechos humanos. En lugar de actuar como un líder tomando decisiones contundentes y transparentes, ha conseguido que dichas intervenciones afecten a la credibilidad de las instituciones encargadas de velar por la seguridad de los ciudadanos.Marlaska se ha limitado a responder de manera reactiva y a menudo ineficaz. Por lo tanto su incapacidad para gestionar un departamento tan crucial para la seguridad y bienestar de los ciudadanos debería conllevar a que su permanencia en el cargo quede anulada por su muestra de ineptitud. Sus acciones corresponden más a intereses políticos que al verdadero control en asuntos de seguridad y convivencia que precisa un Ministerio de Interior.

España se ha convertido en el mundo al revés, cuando el ladrón debe ser perseguido, el ministro expedienta a Policías Nacionales por sus palabras hacia los delincuentes que saqueaban domicilios y negocios en la gota fría de Valencia. Pero esto no es suficiente, ahora pretende crear grupos de Policía Nacional y Guardia Civil contra los discursos de odio cometidos en las redes sociales. Esta cuestión debe ser de vital importancia para el magistrado, sin embargo no lo es el narcotráfico, puesto que no le tembló el pulso a la hora de desarticular la unidad de élite OCON Sur formada por 150 agentes especializados de la Guardia Civil que estaban disponibles las 24 horas los 7 días de la semana, para intentar acabar con esta lacra de la droga que había decomisado 1,1 millones de kilos de hachís.
Nuestro país necesita un ministro del Interior con capacidad y autodeterminación, que sea capaz de tomar decisiones ante situaciones complejas y liderar con firmeza. La dejadez de Marlaska no puede seguir siendo una opción. El Ministerio de Interior necesita un cambio real, radical y efectivo y el ministro ha dejado de ser la persona adecuada para el cargo que ostenta.
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