El gobierno corrupto de Sánchez y sus socios separatistas, filoterroristas y esa amalgama de sopas de letras en decadencia, nos vuelven a tomar por tontos. Ahora nos hablan, sin rubor alguno, de traer a tres millones y medio de inmigrantes en la próxima década para sostener el sistema de pensiones. Una idea que no resiste ni el más mínimo análisis serio y que, lejos de garantizar nada, supondría el hundimiento definitivo del modelo. Es la enésima ocurrencia propia de demagogos e irresponsables.
España tiene hoy más de tres millones de parados y otros tantos compatriotas obligados a buscarse la vida en el extranjero. ¿No sería más lógico —y más justo— que fueran ellos quienes ocuparan esos empleos? ¿No sería más sensato que el Estado pusiera las condiciones necesarias para que los españoles pudieran volver y trabajar en su propio país? Pero no: para este gobierno lo prioritario no es el bienestar de los españoles, sino la ingeniería social.







