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José Luis Ábalos y Koldo García Izaguirre
OPINIÓN

Ábalos, Koldo y la sombra que acorrala a Sánchez: la agonía de un régimen corrupto

La opinión de Javier García Isac de hoy, martes 2 de diciembre de 2025

La Fiscalía Anticorrupción ha pedido 24 años de cárcel para José Luis Ábalos y 19,5 para su inseparable Koldo. Más de veinte años. Dos décadas de prisión por una de las tramas más groseras, más descaradas y más indecentes que hemos visto en democracia. Ambos ya están en prisión preventiva y sin fianza. Y, sin embargo, hay quien pretende hacernos creer que Pedro Sánchez, ese presidente omnipotente, obsesivo, controlador hasta la extenuación, no sabía nada. Que todo pasó ante sus narices y él, en su infinita ingenuidad, era ajeno al lodazal que se extendía por debajo de la mesa presidencial.

Es una broma. Una burla al sentido común. Una tomadura de pelo.

Porque es materialmente imposible que Sánchez y su círculo de confianza —ese sanedrín oscuro formado por Santos Cerdán, Félix Bolaños, Begoña Gómez y compañía— desconocieran lo que estaba ocurriendo. Ábalos no era un don nadie: era su ministro de Fomento, su número dos, su mano derecha, su muleta parlamentaria, su escudero en la moción de censura de 2018, el hombre que le sostuvo cuando medio PSOE quería echarle a patadas. Koldo no era un chofer: era el recadero de la casa, el chico de los favores, el que movía sobres, maletines, comisiones y mascarillas falsas mientras todos miraban hacia otro lado.

Y ahora, cuando la Fiscalía apunta con toda su contundencia, cuando pide más de 20 años de cárcel, cuando la podredumbre sale por las alcantarillas, Sánchez quiere hacernos creer que la responsabilidad es individual, que esto es un “caso aislado”, que él es víctima de un engaño.

No cuela.

Ya no.

Ábalos está fuera, pero sigue dentro

La gran prueba de que Sánchez y Ábalos seguían trabajando juntos es evidente y pública:

Desde que Ábalos estaba en el Grupo Mixto, ha votado siempre lo mismo que el PSOE. Siempre. Sin excepción.

Uno se pregunta:

¿Eso es normal?

¿Eso lo hace un diputado libre?

¿Eso lo hace alguien que ha sido traicionado por su partido?

No.

Eso solo lo hace alguien al que tienen sujetado por el cuello, alguien que sigue obedeciendo órdenes porque sabe que, si habla, se hunden todos.

Y ahí está la clave: Sánchez teme a Ábalos, y Ábalos teme lo que sabe Sánchez.

Una relación de rehenes mutuos.

El régimen agónico de Sánchez: morir matando

Sánchez está acorralado. Y no por la derecha, ni por la prensa libre, ni por la Justicia europea. Está acorralado por su propia corrupción, por su propia soberbia, por los monstruos que él mismo alimentó.

Lo sabe.

Lo nota.

Lo respira.

Por eso reacciona como lo hacen los líderes autoritarios cuando ven que llega su final: intenta morir matando.

Se aferra al poder con uñas y dientes. Manipula instituciones, presiona a la Fiscalía General del Estado, dobla el brazo del Tribunal Constitucional, legisla contra la oposición, convierte la Moncloa en un búnker, amenaza a los jueces y ataca a todo aquel que no se arrodille.

No se va porque sabe perfectamente lo que le espera fuera:

investigaciones, imputaciones, juicios…

y muy posiblemente, la cárcel.

Él mismo ha sido el responsable de unir su destino personal al destino del Estado.

Si él cae, su entramado cae con él.

Y por eso se resiste.

Santos Cerdán, el peón que ya no puede destruir pruebas

Mientras tanto, el otro gran nombre del sanchismo, Santos Cerdán, disfruta de una libertad vigilada, una especie de respiración asistida judicial:

ya no puede destruir pruebas —eso entiende el juez—, pero aún pesa sobre él un cúmulo de medidas cautelares que dejan claro que la Justicia sabe que ahí dentro hay mucho que rascar.

La trama no era un tenderete. No era una estafa de dos manzanas.

Era una red perfectamente estructurada, con niveles, con jerarquías, con pasillos interiores de poder.

Koldo y Ábalos eran piezas fundamentales, pero subordinadas.

Por encima estaba Cerdán.

Y por encima de Cerdán ya sabemos quién está.

Todo conduce a un mismo despacho, a una misma firma, a un mismo hombre: Pedro Sánchez.

Un Gobierno corrupto que usa a Franco como cortina de humo

Ante la avalancha judicial, ante el hedor de la corrupción, ante la evidencia de que se ha saqueado dinero público durante la pandemia, ¿qué hace el Gobierno?

Lo de siempre: hablar de Franco.

Cada vez que se destapa una trama del PSOE, aparece el PSOE hablando de Franco.

Cada vez que se imputan a sus ministros, sale un ministro atacando a Franco.

Cada vez que la corrupción les salpica, agitan la “memoria democrática”.

Pero esta vez lo que les ocurre es algo inesperado:

cuanto más hablan de Franco, mejor parado sale el propio Franco.

Porque la comparación es devastadora.

Franco no robó.

Franco no se enriqueció.

Franco no tenía Koldos ni Ábalos.

Franco no tenía un hermano deduciendo impuestos fraudulentamente ni una esposa vendiendo influencias.

Franco no usó una pandemia para forrarse.

Franco no tenía a toda la Fiscalía Anticorrupción pidiendo 20 años de cárcel para sus ministros.

La historia es la historia, y cada día que pasa, el PSOE consigue que Franco parezca un estadista más serio, más íntegro y más digno que todos ellos juntos, cosas que tampoco era muy difícil.

El principio del fin

La petición de más de 20 años de cárcel para Ábalos y algo menos para Koldo no es un detalle judicial más.

Es el comienzo de la caída, el sonido del derrumbe de un régimen construido sobre la mentira, la impunidad y la corrupción.

Sánchez está aislado, desfondado, asustado.

No piensa dimitir.

No piensa convocar elecciones.

No piensa rendirse.

Piensa resistir, porque sabe que cuando deje de ser presidente, dejará de ser intocable.

Pero su agonía es larga, pública y cada día más evidente.

El país entero lo ve.

Europa lo observa.

La Justicia ya lo ha cercado.

Y como ocurre siempre en la historia de España con los gobiernos corruptos, el final llegará.

Y será mucho más duro de lo que él imagina.

➡️ Opinión

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