Alberto Núñez Feijóo ha vuelto a retratarse. El líder del Partido Popular ha declarado que aspira a lograr 10 millones de votos y que, en principio, descarta gobernar con Vox. Lo dice sin rubor, sin sonrojo, como si no existiera un elefante en la habitación llamado realidad política. Como si no supiera —o lo que es peor, como si no le importara— que el tiempo de las mayorías absolutas ha pasado a la historia. Feijóo prefiere aferrarse a un espejismo electoral antes que aceptar lo que ya es evidente para millones de españoles: que sin Vox no hay alternativa real al sanchismo.
La dirección nacional del Partido Popular actúa con una soberbia que solo puede entenderse desde el desprecio. Desprecian a su electorado, al que engañan sistemáticamente. Desprecian a Vox, al que consideran una molestia. Y desprecian a Santiago Abascal, al que jamás tratan como un socio necesario para ofrecer a España una alternativa sólida al desastre socialista. Porque eso es lo que hay: un Partido Popular más preocupado por salvar al PSOE que por salvar a España.
La estrategia es clara: Feijóo, al igual que sus homólogos del centroderecha europeo en Bruselas, en Alemania o en Portugal, parece preferir un entendimiento con los socialistas antes que un gobierno con Vox. Lo que está haciendo el PP no es tender puentes hacia la sociedad, sino poner diques frente a la posibilidad de un cambio real. El mensaje al votante es preocupante: si quieren echar al PSOE, tendrán que votar sabiendo que el PP no lo hará si depende de Vox. Eso es una estafa política.
Feijóo no quiere que se hable de esto. Prefiere el silencio cómodo, la ambigüedad calculada, la falsa moderación. Pero los hechos hablan. Allí donde el PP no necesita a Vox, actúa como una comparsa del PSOE. Y allí donde necesita a Vox, se mueve a regañadientes, solo cuando se ve obligado. Como bien sabemos, el PP solo gobierna como se debe, cuando Vox le aprieta. Cuando no está Vox, el PP se convierte en esa derecha cobarde que tanto daño ha hecho a España y que tanto ha beneficiado a la izquierda.







