Logo edatv.news
Logo twitter
Javier García Isac
OPINIÓN

Nací sin paladar, me gano la vida hablando

La opinión de Javier García Isac de hoy, viernes 12 de septiembre de 2025

Nací sin paladar. Y lo digo sin pudor, sin dramatismo y sin complejos. Tras tres operaciones y más de doce años de logopeda, llegó el día en que por fin comenzaron a entenderme al hablar, bueno, más o menos… Vengo llorado de casa, como se decía antes, y jamás he tenido ningún complejo por ello. He vivido con ello, he crecido con ello, y me he hecho hombre con ello, y sobre todo he sido muy feliz con ello. Si ahora mismo volviera a nacer, pediría que fuera sin paladar. No me pierdo la gran mayoría de vivencias que eso me dió.

Recuerdo todavía que hubo un tiempo en que los humoristas de moda, como Beatriz Carvajal, dejaron de hacer chistes de gangosos. Me parecía bien. Nunca me hicieron gracia aquellos chistes porque, más allá de la broma, hubo niños que no soportaron la crueldad y llegaron incluso a quitarse la vida. Yo jamás tuve ese problema. Quizá porque crecí en lo que hoy, pomposamente, llamarían “un barrio conflictivo”. Allí, cuando algún chaval se pasaba de listo, bastaba un guantazo infantil con la mano abierta para que las tonterías se acabaran. Y punto. Ni psicólogos, ni protocolos, ni discursos vacíos de inclusión: la vida te curtía a golpes y uno aprendía a defenderse.

Y, a pesar de todo, tuve una infancia feliz. Muy feliz. Por eso nunca tuve un solo complejo.

Escribo estas líneas porque me produce una mezcla de risa y de lástima escuchar a esa izquierda que presume de ser adalid de la inclusión, de la igualdad y de todas esas mamarrachadas grandilocuentes. Son palabras vacías, huecas, sin alma. Los mismos que cambian términos en la Constitución para no parecer ofensivos son los que, en cuanto no piensas como ellos, no lo pueden evitar: te llaman gangoso, te insultan, te pretenden ofender. Y lo hacen con una maldad que retrata su mediocridad.

Yo no siento odio. Siento pena. Porque lo suyo no es valentía ni ideología: es miseria moral. Son pequeños orangutanes, sin argumentos ni formación, que confunden el insulto con el pensamiento.

Jamás insultaría a nadie por un defecto físico o un problema de nacimiento. No es necesario. El problema de un Echenique de turno, de un Óscar Puente o de un Antonio Maestre, no está en su aspecto físico: el problema es la mierda y el odio que cargan en su cabeza. Esa es la verdadera tara.

Yo estoy feliz de haber nacido sin paladar. Feliz porque me gano la vida hablando. Feliz porque cada mañana, cuando mi madre enciende la radio y escucha mi voz, se emociona y recuerda cómo pensó que jamás podría oírme hablar, y mucho menos ganarme la vida con mi voz.

Esa es mi victoria.

La izquierda solo valora a la mujer, al homosexual, al inmigrante o al negro si puede sacar un rédito político. Si no hay beneficio electoral, aflora el insulto fácil, la descalificación y el odio. No entremos en su juego. No desgastemos energía en esa gente que, en el fondo, solo demuestra la educación torcida que recibieron en casa. A esos insultadores profesionales, apiadémonos de ellos.

En esta vida hay algo claro: lo mejor es dar envidia, no dar pena. Y yo sé que, cuando me insultan, lo único que me producen es lástima y pena, mucha pena. Pobrecitos. Incluso me producen algo de ternura, sobre todo aquellos que desconocen que son hijos de mil leches, por cierto, la gran mayoría.

➡️ Opinión

Más noticias: