España asiste, con dolor y con rabia, a las consecuencias de una gestión política irresponsable que ha convertido el Ministerio de Transportes en un juguete ideológico, propagandístico y tuitero. El grave accidente ferroviario ocurrido en Córdoba, con al menos 39 víctimas mortales,152 heridos y 5 muy graves (cifras provisionales), no es un hecho aislado ni un infortunio imprevisible: es el resultado lógico de años de degradación institucional, de incompetencia política y de sectarismo militante.
Al frente de ese desmantelamiento se encuentra Óscar Puente, un ministro más preocupado por la gresca digital, el insulto y la propaganda en redes sociales que por garantizar seguridad, mantenimiento e inversión real en las infraestructuras que sostienen la vida cotidiana de millones de españoles.
De Ábalos al tuitero Puente: la caída libre de Transportes
El Ministerio de Fomento —hoy rebautizado como Transportes— ya había sido profundamente dañado durante la etapa de José Luis Ábalos, hoy en prisión, símbolo de una era de corrupción, nepotismo y degradación moral. Aquella etapa será recordada por colocar directivos y cargos no por su capacitación técnica, sino por afinidades personales, favores y lealtades obscenas. Ahí está el caso de Isabel Pardo de Vera, expresidente de ADIF, también investigada por corrupción, como emblema de esa forma de gobernar.
Con Óscar Puente, lejos de corregirse el rumbo, la decadencia se ha acelerado. Donde debía haber rigor técnico, hay chistes. Donde debía haber planificación, hay trincheras ideológicas. Donde debía haber silencio y trabajo, hay insultos y sarcasmo en Twitter/X.
Los datos del desastre (y los muertos ponen rostro a las cifras)
Desde la llegada de Óscar Puente al ministerio, los datos que circulan —y que el Gobierno se esfuerza en minimizar— dibujan un panorama demoledor:
Entre 200 y 250 accidentes ferroviarios significativos,
45 a 55 descarrilamientos,
entre 800 y 1.000 trenes averiados,
35.000 a 45.000 trenes con retrasos superiores a 15 minutos.
Estas cifras no son “ruido mediático”: son vidas truncadas, familias destrozadas y trabajadores que juegan a la ruleta rusa cada día. Y el accidente de Córdoba, con su saldo trágico, es la confirmación más cruel de una política que ha antepuesto la ideología climática, la propaganda y la lealtad al jefe por encima de la seguridad.







