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FELIPE VI
OPINIÓN

Retenidos no, Majestad: detenidos, torturados y olvidados

La opinión de Javier García Isac de hoy, viernes 16 de enero de 2026

Llamar a las cosas por su nombre no es una cuestión semántica, es una cuestión moral. Y por eso resulta profundamente indignante —y revelador— escuchar al Rey de España hablar de “cinco españoles retenidos” en Venezuela.

No, Majestad. No estaban retenidos. Estaban detenidos, encarcelados, privados de libertad, represaliados por un régimen criminal. Pasaron muchos meses en las cárceles chavistas por motivos estrictamente políticos. Llamar a eso “retención” es una humillación para las víctimas, es un insulto a la inteligencia y una concesión obscena al verdugo.

Lo diga el Rey, lo diga Zapatero, lo diga Pedro Sánchez, o la corte de bufones políticos y mediáticos que rodean a la casa real o al PSOE. El resultado es el mismo: blanqueo del régimen chavista y desprecio absoluto por la dignidad de los españoles perseguidos.

Un discurso sincronizado con el sanchismo

El último discurso del Felipe VI no puede entenderse de forma aislada. Forma parte de una deriva continuada de la Casa Real: el mensaje de Navidad vacío, la Pascua Militar convertida en una oda al globalismo, y ahora este lenguaje calculadamente tibio que coincide palabra por palabra con el relato del Gobierno.

No es casualidad. Cuando Moncloa habla de “retenidos”, Zarzuela asiente. Cuando Sánchez evita calificar a Maduro como dictador, el Rey guarda silencio. Cuando el socialismo español se arrodilla ante el narcoestado venezolano, la Corona mira hacia otro lado.

¿Neutralidad institucional? No. Complicidad por omisión.

Venezuela: la gran ausencia del Rey

Desde su proclamación, el Rey nunca ha condenado de forma clara y contundente la dictadura chavista.

Nunca ha exigido el respeto a los derechos humanos.

Nunca ha reclamado la liberación de los presos políticos.

Nunca ha interpelado a los cómplices españoles del chavismo, incluidos los del Grupo de Puebla.

Ni una palabra contra José Luis Rodríguez Zapatero, el lobbista oficioso del régimen venezolano. Ni una exigencia pública para que interceda por los españoles torturados en cárceles chavistas. Silencio. Cobardía. Cálculo.

Y, sin embargo, ahora el Rey se pone —como bien señaló Marcos de Quinto— “muy campanudo” invocando el “derecho internacional” para criticar a quien sí ha actuado.

Trump liberó a los españoles. No Zapatero. No Sánchez. No el Rey.

Conviene dejarlo claro para la historia:

quien liberó a esos españoles fue Donald Trump, no Zapatero, no Sánchez, no la diplomacia española y, desde luego, no la Corona.

Si Zapatero hubiera querido hacerlo, podría haberlo hecho hace años. Tiene acceso directo al régimen, comparte mesa, intereses y negocios. No lo hizo porque nunca fue su prioridad. Y el Rey, lejos de señalarlo, calló.

Peor aún: en lugar de agradecer a Donald Trump, Felipe VI opta por alinearse con el discurso globalista, marcando distancias con quien ha sido eficaz y dócil con quienes no han hecho absolutamente nada.

La fantasía de la Casa Blanca

Se comenta —y no sin fundamento— que el Rey aspiraba este año a una recepción en la Casa Blanca. Nos lo contaba en una crónica Javier Negre desde USA. Las gestiones se iniciaron a través de una embajadora sin ninguna influencia real en la nueva Administración. Su jefe de gabinete intentó explorar vías alternativas.

Todo eso ha saltado por los aires.

Porque nadie en Washington se traga ya el teatro de un Rey que habla como Sánchez, que calla ante Maduro y que adopta el mismo lenguaje que el socialismo cuando se trata de los enemigos de la libertad.

¿Secuestrado por Sánchez? No. Responsable de sus actos

Se ha dicho que Felipe VI “parece secuestrado ideológicamente por Sánchez y por una reina socialista”.

No es exacto.

El Rey es mayorcito. Nadie le obliga.

Nadie le obliga a ser connivente con el sanchismo.

Nadie le obliga a blanquear dictaduras.

Nadie le obliga a usar el mismo lenguaje humillante que el Gobierno.

Lo hace porque ha decidido refugiarse en la ambigüedad, el globalismo y el silencio, exactamente igual que hace Sánchez: esconder los problemas reales de España detrás de palabras huecas y gestos inofensivos.

Una institución en deriva

Lo más grave no es un discurso.

Lo grave es la trayectoria.

La monarquía debería ser un bastión de dignidad, verdad y defensa de los españoles. Hoy parece una institución desconectada de la realidad, irrelevante en el exterior y sumisa en el interior.

Cuando un Rey es incapaz de llamar dictadura a una dictadura, prisión a una prisión y detenido a un detenido, no está fallando la forma: está fallando el fondo.

Y cuando ese Rey coincide sistemáticamente con el relato del Gobierno más corrupto, sectario y antioccidental de nuestra historia reciente, la pregunta deja de ser incómoda y pasa a ser inevitable:

¿Para qué sirve una Corona que calla ante la tiranía y habla para blanquearla?

Porque llamar “retenido” a un preso político no es neutralidad.

➡️ Opinión

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