En cualquier país serio, un ministro de Transportes —responsable de trenes, carreteras, infraestructuras estratégicas y servicios esenciales— estaría preocupado por gestionar con eficacia, coordinar con seriedad y trabajar con responsabilidad. Pero en la España del sanchismo, donde la meritocracia ha sido sustituida por la chulería de barra de bar, tenemos a Óscar Puente: el ministro más tabernario, macarra y chusquero del actual Consejo de Ministros. Un hombre que ha hecho del odio, el señalamiento y el matonismo digital su carta de presentación.
Mientras los trenes se averían a diario, mientras el caos se apodera de las infraestructuras que dependen de su cartera, mientras RENFE acumula retrasos, fallos técnicos, y escándalos de gestión, el ministro Puente está entregado en cuerpo y alma… a Twitter. Mejor dicho: a perseguir, señalar, desvelar identidades y actuar como una especie de inquisidor digital. Lejos de estar solucionando el reciente apagón masivo que dejó a toda España incomunicada —otro ejemplo de la ruina a la que nos arrastra este Gobierno—, Puente baja al barro para insultar y hostigar desde su cuenta verificada a ciudadanos que ejercen su libertad de expresión.
El caso de Capitán Bitcoin, un tuitero anónimo que desde hace tiempo denuncia con rigor, datos y sarcasmo las tropelías del Gobierno, es especialmente escandaloso. En lugar de debatir, Óscar Puente utiliza los servicios públicos del Estado para desvelar identidades, para amedrentar y dar la señal de salida a las jaurías digitales de la izquierda radical. Lo suyo no es casual, sino estrategia: el PSOE no dialoga, no rebate, no escucha. El PSOE señala, persigue, lincha y destruye.
Lo de Puente es grave por lo que representa: un ministro del Gobierno de España usando su posición institucional para amedrentar a ciudadanos anónimos. ¿Qué clase de democracia permite que un alto cargo señale públicamente a ciudadanos por el simple hecho de pensar diferente? ¿Qué tipo de libertad queda cuando un tuitero tiene que temer por su trabajo, su familia o su seguridad porque ha hecho una crítica al poder? Esta no es una anécdota más: es la prueba de que en España se persigue la disidencia con saña, y se hace desde las instituciones.
Óscar Puente no es un verso suelto. Es un producto perfectamente elaborado por el laboratorio de la Moncloa. Es el heredero natural de José Luis Ábalos, el ministro de las maletas de Delcy, el protector de Koldo y la red de favores, el que convertía los paradores en lupanares con furgonetas de prostitutas. Puente, como Ábalos, como Óscar López, como tantos otros, está al servicio no de España, sino de Pedro Sánchez y su proyecto de demolición institucional. Y como buen sanchista, no intenta calmar los ánimos ni aportar soluciones. Todo lo contrario: le gusta la confrontación, necesita el barro, vive del odio. Su política es la del matón de patio.







