
El Milagro de Empel: Cuando España se encomendó a la Inmaculada y venció lo imposible
El Milagro de Empel no es pasado. Es presente. Y, si queremos, también será futuro
Hay fechas que no solo explican nuestra historia: la dignifican. Hay episodios que rompen cualquier relato derrotista, cualquier obsesión contemporánea por encadenar culpas y alimentar leyendas negras. Hay gestas que convierten a un pueblo en nación. Y entre ellas, pocas tan luminosas y tan españolas como la madrugada del 7 al 8 de diciembre de 1585, cuando unos hombres hambrientos, aislados y exhaustos, los soldados del Tercio Viejo de Zamora, fueron capaces de dar la vuelta a la historia gracias a su fe, su coraje y su sentido del deber. Ese episodio inmortal es lo que conocemos como el Milagro de Empel.
Un ejército acorralado, y un país sometido hoy al desánimo
Aquella noche, en pleno corazón de los Países Bajos, el ejército español vivía una situación desesperada: rodeados por las aguas del Mosa, sin víveres, sin munición, sin posibilidad de retirada, completamente acorralados por un enemigo superior en número y en recursos. Los neerlandeses, conocedores de las tácticas de inundación que tantas veces utilizaron para frenar a los Tercios, estaban seguros de su victoria: solo debían esperar a que la naturaleza hiciera su trabajo.
Pero la historia de España nunca ha respondido a los cálculos racionalistas de los burócratas ni a las estadísticas de los tecnócratas. Responde siempre a algo más profundo: la fe en lo imposible, el arrojo que surge cuando tu deber está por encima de tu vida. Y eso, precisamente, es lo que sucede en Empel.
La tabla de la Virgen: el signo que lo cambió todo
Un soldado, excavando para protegerse del frío, encuentra una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción. El hallazgo se interpreta inmediatamente como un signo. El maestre de campo, Francisco Arias de Bobadilla, ordena levantar un altar improvisado. Los soldados se encomiendan a la Virgen y pasan la noche en oración.
Y entonces sucede lo que nadie esperaba: el Mosa se congela.
Los neerlandeses, confiados, no podían ni imaginarlo. Para los españoles fue la oportunidad que la naturaleza —o la Providencia— les negaba desde días atrás. Y para el enemigo, que lo consideró literalmente un milagro, aquello fue una sentencia.
España avanza sobre el hielo: de la desesperación a la victoria
Los Tercios cargan al amanecer, aprovechando la superficie helada del río. Atacan las embarcaciones neerlandesas, inmovilizadas por la inesperada capa de hielo. Las derrotan. Las hunden. Obligan a huir a un enemigo que se había reído de ellos horas antes.
Y de aquella victoria nace una tradición que simboliza no solo un hecho bélico, sino el alma de España: los Tercios adoptan a la Inmaculada Concepción como patrona, y siglos más tarde, la Iglesia fijará el 8 de diciembre como la festividad solemne del dogma de la Inmaculada, proclamado oficialmente en 1854 pero celebrado en España desde mucho antes, desde el mismísimo Empel.
Un ejemplo para el presente: nada está perdido mientras quede un español en pie
El Milagro de Empel no es solo un episodio militar. Es un espejo en el que mirarnos hoy, cuando tantas veces nos quieren hacer creer que España está agotada, fracturada, condenada a la irrelevancia y entregada a quienes viven de dividirla.
Hoy, cuando una clase política mediocre, entreguista y orgullosamente ignorante intenta reescribir nuestra historia como si fuera una carpeta incómoda que desean quemar. Hoy, cuando nos repiten que España no vale la pena, que nuestro pasado es vergonzoso y que nuestra fe es un residuo folclórico. Hoy es cuando más debemos recordar a aquellos hombres que, rodeados por el agua y con la muerte segura, se levantaron, miraron a la Virgen y dijeron: “¿Rendición? Antes muertos.”
Empel nos enseña que España no se rinde nunca. Que nuestra identidad no la definen los políticos de hoy, sino los héroes de siempre. Que nuestra fe y nuestra historia no son objetos de consumo para progresistas ni material para campañas de odio, sino la esencia misma de lo que somos.
El 8 de diciembre: dogma, tradición y certeza
La Iglesia Católica celebra desde hace siglos el Dogma de la Inmaculada Concepción, pero en España esta devoción tiene la fuerza de lo vivido, de lo presenciado por nuestros soldados, de lo que transformó una derrota segura en una victoria imposible. El 8 de diciembre no es una fecha más en el calendario: es el recordatorio de que lo divino actúa en la historia, y de que España, cuando permanece fiel a sus raíces, a su fe y a su misión, es capaz de hazañas que ningún otro pueblo puede siquiera imaginar.
Empel hoy: una llamada a despertar
En tiempos de desesperanza y renuncia, recordar el Milagro de Empel es un acto de resistencia. Es decirle al relativismo, al globalismo y a los enemigos internos de España que aquí sigue habiendo un pueblo que no acepta arrodillarse. Que España es mucho más que sus políticos: es su historia, sus creencias, su memoria y su voluntad de seguir en pie.
El hielo del Mosa no solo congeló un río: congeló para siempre la certeza de que este país, cuando menos lo esperan, se levanta y vence.
El Milagro de Empel no es pasado. Es presente. Y, si queremos, también será futuro.
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