El patrón se repite siempre. Siempre. Cambian los escenarios, cambian las víctimas, cambian los ministros, pero la mecánica del engaño del PSOE y del Gobierno de Pedro Sánchez es exactamente la misma: cuando ocurre una tragedia, mienten, se esconden, se quitan de en medio y culpan a un tercero. Jamás asumen responsabilidades. Jamás.
Lo vimos durante la gota fría, cuando el Gobierno no envió ayuda, no movilizó al Ejército y dejó a los ciudadanos abandonados a su suerte. Y, cuando la indignación social crecía, Sánchez aplicó su manual de supervivencia: dar la vuelta al relato. De repente, los culpables ya no eran ellos, sino los ayuntamientos, las comunidades autónomas, cualquier otro que no fuera el Gobierno central. Incluso llegó a decir —con su habitual soberbia— que “si necesitan ayuda, que la pidan”. Miserable. Cobarde. Indecente.
Hoy estamos viendo exactamente lo mismo con el accidente ferroviario de Adamuz. Primero, Óscar Puente mintió. Mintió conscientemente. Dijo que la línea estaba totalmente renovada. Falso. El accidente se produjo justo en la unión entre una vía vieja y una vía nueva, donde se rompió una soldadura. Un detalle clave, decisivo, que desmonta toda la propaganda del Gobierno.
Cuando la mentira queda al descubierto, lejos de rectificar, redoblan la huida. Ahora el culpable ya no es el Ministerio, ni ADIF, ni el propio Puente. Ahora pretenden señalar al presidente de la comisión que investiga los accidentes ferroviarios, que ha puesto al descubierto las mentiras de Óscar Puente. Se tapan entre ellos, se protegen, se reparten la impunidad, y encima tienen el descaro de afirmar que esa información es “irrelevante”.
¿Irrelevante que una soldadura entre vía vieja y vía nueva se rompa?
¿Irrelevante que el ministro haya mentido?
¿Irrelevante que la empresa soldadora esté formada por viejas conocidas de las tramas de corrupción del PSOE?
No es irrelevante. Es gravísimo.
Este Gobierno actúa siempre igual:
– Durante la pandemia, se lavaron las manos con las víctimas de las residencias, culpando a comunidades autónomas como Madrid, cuando ellos gobernaban España y dictaban directrices.







