Hubo un tiempo en que el 1 de Mayo fue una jornada de legítima reivindicación de los derechos de los trabajadores, una fecha cargada de sacrificio, lucha y dignidad. Hoy, sin embargo, el 1 de Mayo ha sido secuestrado, prostituido y transformado en una auténtica romería grotesca, en un carnaval de sindicatos corruptos y subvencionados, más preocupados por las mariscadas y el polvo blanco que por defender a aquellos a quienes dicen representar.
Esos mismos sindicatos, esos CCOO y UGT que deberían ser punta de lanza en la defensa de los trabajadores, son los mismos que robaron a manos llenas el dinero destinado a la formación de parados en Andalucía. Mientras miles de españoles sufrían el paro y la miseria, ellos dilapidaban nuestros impuestos en bares de luces de colores, en juergas obscenas y en comidas pantagruélicas a base de gambas y marisco del caro. Esa es la "solidaridad" que predican: la solidaridad entre ladrones, vividores y sinvergüenzas.
Hoy, los sindicatos tradicionales no representan más que a sí mismos. Son parásitos del sistema, auténticas agencias de colocación de estómagos agradecidos, viviendo a cuerpo de rey de lo ajeno, mantenidos con nuestro dinero a través de generosas subvenciones que el Gobierno les otorga para garantizar su obediencia y su silencio.
El 1 de Mayo de este año no será una excepción. Nos llamarán a movilizarnos, sí, pero no para exigir mejoras laborales reales, sino para repetir consignas de ideología de género, para corear mamarrachadas propias de la Agenda 2030, para atacar a la oposición política y para blanquear al Gobierno más nefasto de la historia reciente de España. Los mismos ministros que deberían estar escondidos de la vergüenza —incapaces de frenar el paro, la precariedad y la destrucción del tejido productivo— se pasearán por esas concentraciones como si fueran adalides de la causa obrera.
Ahí veremos, sin duda, a una ministra de Trabajo como Yolanda Díaz, que no es más que un meme andante. Una caricatura de sí misma, que posa para la prensa amiga con su sonrisa forzada, mientras apuñala a los trabajadores con políticas que solo sirven a los intereses del gran capital y de los burócratas de Bruselas.
Pero no todo está perdido.








