Lo de Leire Díez no es una dimisión: es una estrategia. Es el cortafuegos que el sanchismo necesitaba en su momento más crítico. Su baja del PSOE no responde ni al arrepentimiento ni a la dignidad. Es el último favor que esta fontanera del régimen ha prestado a Pedro Sánchez y a su estructura mafiosa. Y lo ha hecho con una performance infame, grotesca y dirigida al milímetro por Ferraz.
La rueda de prensa de Leire Díez no fue tal. No hubo preguntas, no hubo explicaciones, no hubo verdad. Lo que vimos fue una lectura obediente de un comunicado dictado por el propio sanchismo, probablemente redactado en la reunión que Leire mantuvo apenas unas horas antes con Santos Cerdán en la sede del partido. Una puesta en escena perfectamente orquestada, con un solo objetivo: que parezca que la culpa es de una persona que actuaba por libre, desvinculándola por completo del PSOE. Un cuento chino que sólo pueden creerse los feladores mediáticos del régimen.

Porque no hay manera de tragarse el relato de la llanera solitaria. ¿Quién puede creer que Leire Díez, sin el respaldo ni el encargo de nadie, se dedicara por su cuenta a reunirse con comandantes de la Guardia Civil, a ofrecer ascensos, a pedir información reservada sobre la UCO, y a tramar operaciones para hundir a un teniente coronel como Antonio Balas? ¿Quién le dio esa autoridad? ¿Con qué respaldo se movía? ¿Cómo se explican sus supuestas reuniones con la mismísima directora general de la Guardia Civil si no formara parte de una operación mucho más grande, mucho más sucia y mucho más institucional?
El comportamiento de Leire Díez, lejos de aclarar nada, deja aún más al descubierto la cloaca en la que se ha convertido el PSOE. En su comunicado, no desmiente nada. No aporta pruebas. No justifica reuniones. No da nombres. No explica por qué se ofrecía a manipular carreras profesionales dentro de la Benemérita. Y, lo que es más escandaloso, todo esto ocurre mientras quien estaba presente en la sala es ni más ni menos que Víctor de Aldama, el conseguidor del régimen, el hombre del caso Koldo, el que ahora colabora con la justicia y al que el Gobierno pretende hacer pasar por un don nadie.








