África y Asia: la fe cristiana bajo fuego real
Nigeria: Ataques constantes de Boko Haram e ISWAP, aldeas arrasadas en el Cinturón Medio (Plateau, Benue, Kaduna). Monasterios, parroquias y celebraciones litúrgicas se convierten en objetivos. Pastores secuestrados, fieles ejecutados, templos quemados. Un reguero de muertos que se repite año tras año.
Pakistán: El pretexto de la “blasfemia” desata pogromos antichristianos. Barrios cristianos arrasados como en Jaranwala (agosto de 2023): decenas de iglesias y casas incendiadas por turbas, familias huyendo con lo puesto, catecismos convertidos en ceniza.
Irak y Siria: Aún con el ISIS territorialmente derrotado, las comunidades cristianas siguen exprimidas, diezmadas y vigiladas. La reconstrucción de templos y barrios sigue siendo una carrera de obstáculos: burocracia hostil, inseguridad y, sobre todo, abandono internacional. Se mira a otro lado, lo que nos hace pensar que los cristianos estaban más seguros con los regímenes derrotados y que poco importan a la comunidad internacional
Mozambique (Cabo Delgado): Insurgencia yihadista desde 2017. Aldeas cristianas atacadas, parroquias incendiadas, crucifijos profanados. Y aquí va la clave: de esto apenas nos llega un goteo informativo en España —cuando no un silencio—, lo que, en sí mismo, explica mucho sobre la selección interesada de lo que es “noticia” y lo que no, y ahora centenares de fieles son decapitados, pero nos hablan de islamofobia, cuando lo que sufre el planeta desde hace ya mucho tiempo, es una cristianofobia creciente con el consentimiento de occidente.
¿Dónde están las campañas de condena de nuestros progres de plató? ¿Dónde las portadas lacrimógenas? ¿Dónde las velas y los minutos de silencio en nuestras plazas? No hay. Porque la víctima no encaja en el guion.
Datos que los guardianes del relato prefieren no mirar
Organizaciones internacionales especializadas en libertad religiosa llevan años alertando de que los cristianos son, con diferencia, la comunidad religiosa más perseguida del planeta. Informes anuales —de Open Doors, ACN (Ayuda a la Iglesia Necesitada) o los reportes de libertad religiosa de gobiernos occidentales— documentan iglesias incendiadas, secuestros de sacerdotes y catequistas, huidas masivas y asesinatos selectivos. Y sin embargo, en las redacciones que nos llaman “intolerantes” por pedir neutralidad en un polideportivo, todo eso apenas merece nota al pie.
Doble rasero, manual de uso
1. Aquí: Neutralidad de espacios públicos = “odio”.