La izquierda vive de símbolos. De gestos. De escenografías. De performances. Y cuando no tiene gestión que exhibir, se inventa referentes. Así ha ocurrido con Zohran Mamdani, presentado por la izquierda mediática como “el nuevo alcalde de Nueva York”, el que cambiará la ciudad, y es posible que en esto acierten, pero no necesariamente para mejor. Mamdani es un joven asambleísta estatal, nacido en Uganda y de confesión musulmana, que se ha convertido en el último fetiche ideológico del progresismo global.
La ignorancia —esa que el socialismo español eleva a categoría moral— ha hecho el resto.
Mamdani, en uno de esos gestos pensados para el titular fácil, jura su cargo sobre el Corán y en el Metro. La izquierda aplaude. Ovación cerrada. Editoriales rendidas. Ministros españoles extasiados. ¿Qué ha cambiado? Nada, salvo el protagonista. Porque cuando en España un político católico jura su cargo sobre la Biblia, la izquierda se burla, insulta y criminaliza. Clericalismo, dicen. Retroceso, gritan. Pero si el juramento es sobre el Corán, entonces es diversidad, respeto, modernidad.
La hipocresía progresista es infinita.
Un islamismo blanqueado y una cultura propia despreciada
Conviene decirlo claro, aunque incomode: el islam político es incompatible con la cultura occidental, con la igualdad real entre hombres y mujeres, con la libertad religiosa y con el Estado de Derecho. No es una opinión, es un hecho avalado por la realidad de los países donde la ley islámica condiciona la vida pública.
Y aun así, la izquierda europea y española —atea militante, perseguidora del cristianismo— se muestra sorprendentemente comprensiva con una religión cuyos preceptos son mucho más estrictos y excluyentes que los del catolicismo al que combaten sin descanso.
No es tolerancia. Es odio a lo propio.
Sánchez, Puente y Díaz: copiar sin entender
El espectáculo roza lo grotesco cuando vemos a ministros del Gobierno español imitando el estilo comunicativo de Mamdani, creyendo que la política es un vídeo en redes y un guiño identitario. Óscar Puente se sube al carro con entusiasmo adolescente. Yolanda Díaz asiente, sin comprender. Y Pedro Sánchez observa, convencido de que cualquier gesto “alternativo” suma.
El ridículo es mayúsculo cuando algunos socialistas españoles llegan incluso a afirmar que Mamdani “echará a Donald Trump de la Casa Blanca”. Conviene recordar dos detalles que parecen obvios para cualquiera mínimamente informado:







