La reacción en tromba de la izquierda española —desde el PSOE hasta sus marcas blancas y sus parásitos políticos— contra la sentencia del Tribunal Supremo que condena al delincuente fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, no es únicamente indecente: es una prueba más de que vivimos bajo una izquierda que no reconoce más democracia que la que controla, más justicia que la que manipula y más verdad que la que fabrica.
Los mismos que llevan años dinamitando el Estado llaman ahora “golpe” a una sentencia del Supremo
Resulta grotesco ver cómo los mismos que llevan ocho años ejecutando un golpe de Estado institucional, los mismos que han colonizado el Parlamento, la Fiscalía, RTVE, el CIS, el Constitucional, Moncloa y cuanto organismo público han podido corromper, se rasgan ahora las vestiduras por una sentencia judicial que les rompe el relato.
La izquierda habla de “lawfare”, de “golpe judicial”, de “trama reaccionaria”. Pero lo cierto es que lo único que ha quedado al descubierto es el tamaño descomunal de su corrupción política y moral.
El Supremo ha condenado al fiscal general del Estado por revelación de secretos, pero lo más grave no es la pena —timorata, suave, casi vergonzosa para los delitos cometidos—, sino la reacción de quienes deberían estar guardando un respetuoso silencio si tuvieran un mínimo sentido institucional.
Garzón y Delgado: la pareja que simboliza las cloacas del Estado
Encabezando las protesta ante el Tribunal Supremo y haciendo bolos televisivos, están los dos personajes que mejor representan la descomposición ética de la izquierda y la degradación del Estado de Derecho:
Baltasar Garzón, exjuez expulsado de la carrera judicial por prevaricar;
y Dolores Delgado, ministra de Justicia colocada por Sánchez, convertida después en fiscal general y que dimitió para dejar paso a su hombre de confianza, el hoy condenado García Ortiz. Por no recordar la amistad de ambos con el ex comisario Villarejo y como son muy partidarios de las redes vaginales de información Y junto a ellos, un sectario ya emérito como Martín Pallin. Lo mejor de cada casa.
Garzón, inhabilitado por retorcer la ley a su conveniencia.
Delgado, señalada por el Supremo por un ascenso anulado por desviación de poder.
Y juntos, mano a mano, liderando una protesta contra los jueces porque las resoluciones no les han sido favorables.
Si alguien quiere ver las cloacas del Estado, que mire a esta pareja.
La imagen lo decía todo:
el prevaricador y la ministra reciclada en fiscal general, ambos al servicio del PSOE, acusando al Tribunal Supremo de romper la democracia.
Cuando son ellos, precisamente ellos, los profesionales de triturarla.
El PSOE, partido degenerado, eje de la demolición institucional
El PSOE ha dejado de ser un partido político, si es que alguna vez lo fue, para convertirse en una máquina de demolición institucional.
Su estrategia es tan burda como efectiva:
1. Colonizar todas las instituciones.
2. Colocar jueces y fiscales afines.
3. Atacar sin descanso a quienes no se someten.
4. Atribuir a la derecha todos los males para tapar su corrupción.
5. Gritar “golpe” cada vez que la justicia les planta cara.
Hablan de “ataques a la democracia” los mismos que llevan desde 2018 desmontando pieza a pieza el Estado de Derecho:
indultos a golpistas, amnistía a delincuentes, pactos con terroristas, compra de medios de comunicación, persecución a jueces, injerencias en la Fiscalía, insultos a la oposición, decretos-ley para todo, ataques a las instituciones que no controlan y un largo etcétera que ya es historia negra de España.
El PSOE es hoy, más que nunca, la degradación absoluta de la democracia.







