No falla. Cada vez que el Gobierno se enfrenta a una decisión impopular o escandalosa, la tragicomedia se repite con precisión suiza: unos socios se quejan, otros amenazan con romper, algunos fingen sorpresa, pero al final… nadie se va. Ni se fueron con el reconocimiento del Sáhara, ni se fueron con la ley mordaza sanchista, ni se irán ahora por la compra de armamento a Israel. Compra que según nos dicen ahora, queda suspendida, a pesar de otros muchos contratos que siguen en vigor. Todo postureo, puro teatro. Una vez más, los socios del Gobierno lloriquean como niños a los que no se les ha consultado nada, como si no supieran con quién se están acostando cada noche.
Resulta que el PSOE, ese partido que presume de paz, derechos humanos y progresismo, ha comprado en distintas ocasiones, por mucho que ahora hayan suspendido el último pedido, armamento al Estado de Israel en mitad de una guerra brutal, sin pasar por el Congreso y con el silencio cómplice de todos los medios afines. Y ahora, algunos en Sumar se indignan, otros se hacen los sorprendidos, y Podemos amenaza con manifestaciones y movilizaciones. ¿Ahora? ¿Después de todo lo que han tragado? ¿Después de callar ante los abusos, los recortes, la represión ideológica y la ruina económica? Ridículos. Una vez más, demuestran que toda la izquierda es una secta con distintas máscaras pero un mismo amo: Pedro Sánchez.
Podemos, que hasta hace dos días ocupaba sillones ministeriales y callaba como un cordero ante los desmanes del sanchismo, ahora pretende liderar movilizaciones contra un Gobierno del que han sido cómplices. ¿A quién quieren engañar? ¿Qué legitimidad tienen para salir a la calle si fueron ellos quienes firmaron cada uno de los decretos infames de este régimen? Sumar, mientras tanto, amenaza con romper… pero no rompe. Como buenos cómplices, se quejan, pero no se van. El miedo a perder el coche oficial, la secretaria y la nómina pública pesa más que cualquier principio o supuesta moral política.
Y mientras, el plan de rearme del Ejecutivo se oculta, se maquilla, se evita llevar al Congreso para que no haga ruido, porque Sánchez sabe que solo podría aprobarlo con los votos del PNV y de Junts, y como no, del Partido Popular. Sus propios socios votarían en contra. Otro bochorno más en este lodazal político llamado Consejo de Ministros. Un auténtico carajal, como diría el castizo, donde unos quieren dinero para armamento, otros quieren destruir el ejército, unos apoyan a Israel y otros quieren manifestarse contra él, ¡y todos forman parte del mismo Gobierno!







