Torre Pacheco: la realidad que incomoda
¿Qué ha pasado en Torre Pacheco para desatar tanta ira contra VOX y los periodistas independientes? Muy simple: la verdad ha salido a la luz. Torre Pacheco, con un 30% de población extranjera —en su inmensa mayoría magrebí— sufre desde hace años una auténtica invasión de delincuencia y agresiones protagonizadas por inmigración ilegal, muchas veces menor de edad en apariencia, que se mueve con total impunidad, arropada por ONGs, subvenciones y la pasividad del Ministerio del Interior.
El 98% de los delitos registrados en Torre Pacheco tienen como autor a extranjeros. Esa es la verdad. Y como esa verdad duele, y sobre todo desmonta el relato buenista del multiculturalismo obligatorio, lo que hace el régimen es perseguir a quien la cuenta. A los agresores no se les molesta. A los periodistas, sí. A los vecinos, también. A los políticos que denuncian el caos, se les llama “ultras”. Y al Ministerio del Interior de Marlaska no solo no se le cae la cara de vergüenza, es que además culpabiliza a VOX y a las víctimas de los altercados.
Una izquierda que odia a España y ama a sus verdugos
Ione Belarra, Irene Montero y toda la cúpula de Podemos forman parte de esa izquierda que odia a España, desprecia a los españoles y envidia a los asesinos. Tienen como referente a las FARC, a ETA, al FRAP, a la Cuba castrista, a Venezuela y a cualquier régimen totalitario donde puedan reprimir sin límites.
Se les nota el asco que les da nuestra historia, nuestra fe, nuestras tradiciones y nuestros símbolos. Su odio no es solo ideológico, es visceral. No odian lo que representamos, odian lo que somos. Odian al español que madruga, que trabaja, que paga impuestos, que educa a sus hijos en libertad. Por eso no es de extrañar que en su mundo ideal no haya lugar para periodistas libres, para medios independientes, ni para voces discrepantes.
Estamos ante una amenaza real
No estamos ante una anécdota. Estamos ante una declaración de guerra. Una diputada nacional, que ha jurado la Constitución, pide cárcel para un periodista porque no le gusta lo que dice. Y nadie —salvo los medios valientes y los ciudadanos despiertos— levanta la voz.
No hay mayor prueba de que el Estado está secuestrado por una ideología autoritaria, y que esta ideología no es otra que el neocomunismo totalitario que representa Podemos y que blanquea el PSOE.
Hoy es Vito Quiles. Mañana puede ser cualquiera. La izquierda nos quiere silenciados, arrodillados y aterrados. Y si nos resistimos, nos quieren muertos.