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¿GOBIERNO DE ESPAÑA O GOBIERNO AL SERVICIO DE INTERESES AJENOS?

¿GOBIERNO DE ESPAÑA O GOBIERNO AL SERVICIO DE INTERESES AJENOS?
por Javier Garcia Isac
9 de agosto de 2026 a las 10:00
opinion

Porque sería ingenuo esperar que Marruecos renunciara a sus aspiraciones sobre Ceuta, Melilla o las aguas de Canarias

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Hay quien se escandaliza cuando Estados Unidos respalda a Marruecos. Hay quien se indigna cuando Israel mantiene excelentes relaciones con Rabat. Hay quien protesta porque el Reino Unido aprovecha cualquier oportunidad para consolidar su presencia en Gibraltar. Pero la pregunta que deberíamos hacernos no es por qué esas naciones defienden sus intereses. La verdadera pregunta es mucho más incómoda: ¿quién defiende los intereses de España?

Porque sería ingenuo esperar que Marruecos renunciara a sus aspiraciones sobre Ceuta, Melilla o las aguas de Canarias. Sería absurdo exigir al Reino Unido que abandonara voluntariamente Gibraltar o dejara de sacar provecho de una colonia que nunca debió conservar. Y sería igualmente ridículo pensar que Estados Unidos, Israel o cualquier otra potencia internacional van a anteponer los intereses españoles a los propios.

Las naciones serias hacen exactamente eso: defender sus intereses nacionales. Lo hacen Washington, Londres, París, Rabat, Pekín o Jerusalén. Lo anormal no es que ellos actúen así. Lo verdaderamente anormal es contemplar cómo el Gobierno de España parece incapaz de hacer lo mismo.

Ese es el drama.

España no está siendo debilitada porque existan potencias extranjeras con intereses estratégicos. Eso ha ocurrido siempre a lo largo de la Historia. Lo preocupante es que hoy tenemos un Gobierno que parece haber renunciado a ejercer la defensa de la soberanía nacional. Cada crisis termina con una nueva cesión. Cada conflicto concluye con una nueva renuncia. Cada negociación acaba traduciéndose en un retroceso para España.

Lo hemos visto en Ceuta. Lo hemos visto en Melilla. Lo estamos viendo en Canarias, sometidas a una presión migratoria sin precedentes. Y lo hemos vuelto a comprobar con Gibraltar, donde el Ejecutivo nos ha presentado como un éxito lo que, para muchos españoles, constituye una nueva humillación nacional.

Nos hablan de una "nueva etapa". Nos venden como progreso lo que supone consolidar una anomalía histórica: la permanencia de una colonia británica en suelo español y la normalización de un paraíso fiscal que continúa beneficiándose de unas condiciones privilegiadas. En lugar de aprovechar el Brexit para reforzar la posición española, se ha optado por aceptar como definitiva una situación que jamás debería haberse dado por buena.

Mientras tanto, Marruecos incrementa su influencia sobre Ceuta, Melilla y Canarias sin encontrar apenas resistencia política. Cada nueva crisis migratoria acaba convirtiéndose en un instrumento de presión diplomática. Miles de personas cruzan nuestras fronteras, se tensionan los servicios públicos y el Gobierno responde con silencio, resignación o concesiones.

Y es aquí donde surge la cuestión que más preocupa.

¿Estamos simplemente ante un Gobierno extraordinariamente débil? ¿O estamos ante un Ejecutivo que ha asumido que la mejor manera de mantenerse en el poder consiste en ceder constantemente ante las presiones exteriores?

Desde mi punto de vista, cada español tendrá su respuesta. Pero lo que resulta cada vez más difícil es seguir creyendo que todo obedece únicamente a la casualidad o a la incompetencia.

Porque cuando todas las crisis internacionales terminan perjudicando a España y favoreciendo a quienes presionan a nuestro país, cuando todas las negociaciones concluyen con nuevas cesiones de soberanía, cuando el Gobierno parece más preocupado por satisfacer las exigencias de Bruselas, Rabat o Londres que por defender los intereses nacionales, es legítimo preguntarse si todavía existe una auténtica política exterior española.

No culpo a Marruecos por defender Marruecos. No culpo al Reino Unido por defender al Reino Unido. No culpo a Estados Unidos ni a Israel por actuar conforme a sus propios intereses estratégicos. Eso es precisamente lo que cabe esperar de cualquier Estado soberano.

La responsabilidad recae exclusivamente sobre quien tiene la obligación de defender España y no lo hace.

Porque un Gobierno puede equivocarse. Puede cometer errores. Incluso puede mostrarse débil en determinadas circunstancias. Pero cuando las cesiones se convierten en norma, cuando las humillaciones diplomáticas se suceden una tras otra y cuando la soberanía nacional parece siempre la moneda de cambio, los españoles tienen derecho a preguntarse si quien ocupa la Moncloa gobierna realmente para España o si ha dejado de hacerlo hace mucho tiempo.


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