Durante años se nos vendió el mito: el rey árbitro, el rey garante, el rey imprescindible. La reciente entrevista a Charles Powell, director del Real Instituto Elcano, desmonta ese relato con documentos, fechas y conversaciones oficiales. No es una opinión: es archivo. Y lo que revelan esos papeles es grave. Muy grave.
Porque si algo queda claro es que Juan Carlos I estuvo más interesado en congraciarse con Estados Unidos y el Reino Unido que en ejercer como Rey de España. Y ese cálculo —esa realpolitik— tuvo costes concretos y permanentes: el Sáhara, Gibraltar, Ceuta y Melilla, y la propia dignidad de la Nación.
El Sáhara: la primera renuncia
La primera gran decisión internacional del nuevo Rey fue entregar el Sáhara en los estertores del franquismo. Powell lo admite sin ambages: primó evitar un choque con Marruecos y, sobre todo, contentar a Washington. Se habló con Kissinger, se habló con París. ¿Y España? España quedó relegada.
No fue una retirada ordenada; fue un abandono. Se traicionó a una población a la que se había prometido un referéndum y se inauguró una doctrina peligrosa: ceder soberanía para comprar estabilidad. Aquella cesión abrió la puerta a un chantaje permanente de Rabat que llega hasta hoy. Y sí: fue una traición al legado de Franco, que había sostenido la integridad territorial como principio no negociable.
Gibraltar: “no lo queremos de verdad”
El episodio más demoledor es, sin duda, Gibraltar. Powell documenta que Juan Carlos I trasladó directamente a Londres que España no quería realmente el Peñón. Que había que fingir de cara a la opinión pública mientras se despejaba el camino para entrar en la CEE. “Contentar a la opinión pública” sin poner en peligro “el objetivo fundamental”.
Traducido: renunciar a Gibraltar para que Bruselas abriera la puerta. No fue incapacidad; fue decisión. No fue silencio; fue mensaje explícito. Y así se explica que Gibraltar siga siendo hoy un enclave colonial anacrónico, protegido por la cesión española y la comodidad británica.
Ceuta y Melilla: el miedo como política







