Hay personajes cuya relevancia política no se entiende por su competencia ni por su rigor científico, sino por su utilidad propagandística para el régimen. En España, uno de los rostros más siniestros de la pandemia no fue un ministro ni un presidente, sino un aparente "experto" que, con voz temblorosa, sonrisa socarrona y aire de colegial despistado, sirvió fielmente al Gobierno para sembrar miedo, manipular a la opinión pública y justificar políticas represivas. Hablamos, cómo no, de Fernando Simón Soria, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, y marioneta de Pedro Sánchez durante la gestión del COVID-19.
El portavoz del terror: ruedas de prensa y mentiras oficiales
Desde las primeras semanas del 2020, Simón se convirtió en la cara visible del Ministerio de Sanidad, compareciendo a diario ante los medios, en lo que parecían ruedas de prensa científicas, pero no eran más que ejercicios de propaganda y control del relato. El 31 de enero de 2020 ya se confirmaba el primer caso de coronavirus en La Gomera, pero Simón restaba importancia. El 9 de febrero, aseguraba que “España no tendrá más allá de algún caso diagnosticado”. Días después, los hospitales comenzaban a colapsar.
El 8 de marzo, día del infame 8M impulsado por el Gobierno, Simón respaldó la celebración de manifestaciones feministas, declarando que “no había un riesgo significativo de contagio”. Esa afirmación fue deliberadamente falsa. La documentación del Ministerio demuestra que ya tenían informes internos alertando del colapso sanitario y del alto riesgo de transmisión comunitaria. Y pese a ello, se alentó a miles de mujeres a salir a la calle, por intereses ideológicos y partidistas, no por razones de salud pública.
El comité de expertos que nunca existió
Uno de los grandes escándalos silenciados por los medios fue el de los “comités de expertos” que nunca existieron. Durante los momentos más duros del confinamiento, Simón y el entonces ministro Salvador Illa repetían sin cesar que las decisiones del Gobierno se basaban en “criterios científicos avalados por expertos”. Pero cuando varios periodistas solicitaron vía transparencia los nombres de dichos expertos, el Gobierno se negó a entregarlos.
Finalmente, en julio de 2020, el Boletín Oficial del Estado (BOE) reconocía que no existió tal comité independiente, sino que las decisiones las tomaban directamente Simón y el equipo político de Sanidad. Es decir, nos mintieron deliberadamente. Se utilizó la figura del “experto” para revestir de ciencia lo que eran puras decisiones políticas, muchas de ellas arbitrarias, represivas y sin evidencia alguna.
Utilización del miedo como herramienta de control
Simón no solo mintió: fue el instrumento perfecto para inocular miedo en la sociedad. Desde sus comparecencias se lanzaban cifras sin contexto, advertencias apocalípticas y amenazas veladas de nuevos encierros. Se apelaba a la “responsabilidad colectiva” mientras los mismos que imponían normas las incumplían de forma sistemática.
Se prohibían los funerales, pero se permitía el fútbol. Se cerraban los templos, pero se celebraban congresos ideológicos. Se impedía a la población salir a la calle, mientras ellos viajaba en pleno estado de alarma. Todo eso lo sabía Fernando Simón. Y nunca dijo nada. Porque no estaba ahí para decir la verdad, sino para proteger al poder.
El negocio de las mascarillas defectuosas, el caos de las vacunas, los cierres selectivos de comunidades autónomas según el color político, la criminalización de los no vacunados, todo fue orquestado desde un aparato sanitario que actuaba más como un ministerio de propaganda que como una institución científica.







