El 8 de marzo, día del infame 8M impulsado por el Gobierno, Simón respaldó la celebración de manifestaciones feministas, declarando que “no había un riesgo significativo de contagio”. Esa afirmación fue deliberadamente falsa. La documentación del Ministerio demuestra que ya tenían informes internos alertando del colapso sanitario y del alto riesgo de transmisión comunitaria. Y pese a ello, se alentó a miles de mujeres a salir a la calle, por intereses ideológicos y partidistas, no por razones de salud pública.
El comité de expertos que nunca existió
Uno de los grandes escándalos silenciados por los medios fue el de los “comités de expertos” que nunca existieron. Durante los momentos más duros del confinamiento, Simón y el entonces ministro Salvador Illa repetían sin cesar que las decisiones del Gobierno se basaban en “criterios científicos avalados por expertos”. Pero cuando varios periodistas solicitaron vía transparencia los nombres de dichos expertos, el Gobierno se negó a entregarlos.
Finalmente, en julio de 2020, el Boletín Oficial del Estado (BOE) reconocía que no existió tal comité independiente, sino que las decisiones las tomaban directamente Simón y el equipo político de Sanidad. Es decir, nos mintieron deliberadamente. Se utilizó la figura del “experto” para revestir de ciencia lo que eran puras decisiones políticas, muchas de ellas arbitrarias, represivas y sin evidencia alguna.
Utilización del miedo como herramienta de control
Simón no solo mintió: fue el instrumento perfecto para inocular miedo en la sociedad. Desde sus comparecencias se lanzaban cifras sin contexto, advertencias apocalípticas y amenazas veladas de nuevos encierros. Se apelaba a la “responsabilidad colectiva” mientras los mismos que imponían normas las incumplían de forma sistemática.
Se prohibían los funerales, pero se permitía el fútbol. Se cerraban los templos, pero se celebraban congresos ideológicos. Se impedía a la población salir a la calle, mientras ellos viajaba en pleno estado de alarma. Todo eso lo sabía Fernando Simón. Y nunca dijo nada. Porque no estaba ahí para decir la verdad, sino para proteger al poder.
El negocio de las mascarillas defectuosas, el caos de las vacunas, los cierres selectivos de comunidades autónomas según el color político, la criminalización de los no vacunados, todo fue orquestado desde un aparato sanitario que actuaba más como un ministerio de propaganda que como una institución científica.
La confesión: “Alguna mentira nos han contado”
El 14 de marzo de 2025, en un coloquio público, Fernando Simón admitía con total desparpajo que “alguna mentira nos han contado, seguro, en esta pandemia”. Lo decía con tono burlón, como quien habla del tiempo. Como si millones de confinados, más de 100.000 muertos según los registros reales, miles de familias arruinadas y una nación traumatizada fueran un simple experimento.