Logo edatv.news
Logo twitter
Hombre de mediana edad con traje y corbata sonriendo a la cámara en un entorno urbano al aire libre
OPINIÓN

Fernando Esteso y la libertad de reír sin permiso

La opinión de Javier García Isac de hoy, domingo 1 de febrero de 2026

Hoy se nos ha ido Fernando Esteso, a los 80 años. Y con él se marcha algo más que un actor: se va una forma de entender el humor, el cine y, en el fondo, la vida. Esteso fue un maestro de la interpretación popular, de esa que no pide disculpas ni permiso, de la que entiende que la risa es un acto profundamente humano y, por eso mismo, profundamente libre.

El suyo era un humor sin complejos. Un humor que no estaba reñido con lo políticamente incorrecto porque, sencillamente, no reconocía esa etiqueta. Se reía de todo y con todos. Y esa es una lección que hoy incomoda: cuando uno puede reírse de sí mismo, deja en evidencia a quienes viven permanentemente ofendidos.

Junto a Andrés Pajares, Fernando Esteso protagonizó una etapa del cine español que algunos se empeñan hoy en despreciar con condescendencia moral. Era un cine popular, directo, sin dobleces, que conectaba con la España real, no con la España diseñada en despachos ideológicos. Un cine que llenaba salas sin necesidad de subvenciones, sin catecismos y sin lecciones morales impostadas.

Bajo la dirección de Mariano Ozores, aquellas comedias eran taquilleras porque hablaban el lenguaje del pueblo. No se sostenían con dinero público, se sostenían con risas. Con entradas vendidas. Con espectadores que iban al cine para divertirse, no para recibir un sermón disfrazado de cultura.

Era otra época, sí. Menos puritana y, paradójicamente, más libre. Una España en la que la gente no se ofendía por respirar, ni necesitaba manuales de conducta para saber qué podía ver, leer o escuchar. Hoy, sin embargo, asistimos a una ironía monumental: aquellos que se declaran anticatólicos y anticlericales se han erigido en los nuevos censores. Los nuevos inquisidores. Nos dicen qué está bien y qué está mal, qué es aceptable y qué debe ser cancelado. Han cambiado el confesonario por el BOE y la homilía por la moralina audiovisual.

El contraste con aquel cine es demoledor. Hoy muchas producciones no nacen para entretener, sino para adoctrinar. Para cumplir cuotas ideológicas. Para no molestar a nadie,  y acabar resultando profundamente molestas por su vacío, por su hipocresía y por su falta de verdad.

Fernando Esteso representaba justo lo contrario: la naturalidad, la picaresca, el descaro castizo. Un actor que entendía el humor como un espejo deformante de la realidad, no como un instrumento de reeducación social. Y junto a él, toda una generación de humoristas que venían de lejos, de un cine que se había forjado en décadas difíciles, con imaginación, talento y una conexión directa con el público. Ahí estaban también figuras como Manolo Gómez Bur, y tantos otros que hicieron grande un cine modesto en medios, pero inmenso en popularidad.

Hoy rendimos homenaje a Fernando Esteso, pero también a aquella España que sabía reírse de sí misma. A un cine libre, sin tutelas, sin subvenciones condicionadas, sin miedo al qué dirán. Un cine que no necesitaba pedir perdón por existir.

Se va Esteso, sí. Pero su legado queda como un recordatorio incómodo para los nuevos censores: que hubo un tiempo en el que la risa no necesitaba permiso, y en el que la libertad no era una consigna, sino una costumbre.

Javier García Isac

➡️ Opinión

Más noticias: