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Ciudad devastada con edificios en ruinas y personas trabajando entre escombros
OPINIÓN

ESTO YA NO ES UNA BATALLA CULTURAL: ES UNA GUERRA CIVILIZATORIA

Estamos en medio de una guerra civilizatoria en la que se libra, sin disimulo, la supervivencia misma de España

Lo vengo diciendo desde hace tiempo, y cada día la realidad me da más razones: esto ya no es una batalla cultural. No estamos ante un debate académico, ni ante una disputa intelectual, ni siquiera ante una pugna política más. Estamos en medio de una guerra civilizatoria en la que se libra, sin disimulo, la supervivencia misma de España tal y como la conocemos; de Occidente tal y como lo heredamos; de la verdad tal y como fue, y no como quieren deformarla los ingenieros del relato.

Porque no se equivoquen: la izquierda no discute, no debate, no contrasta. La izquierda impone. Su herramienta no es la razón, sino el miedo. Su mecanismo no es el argumento, sino el decreto. Y su obsesión, desde hace décadas, es fabricar un relato único, uniforme, obligatorio, obligatorio en aulas, series, medios y parlamentos. Un relato que blanquea su pasado criminal y demoniza a quien ose recordarlo. Un relato que empieza en el PSOE, continúa en sus socios separatistas y se extiende como metástasis por toda la estructura mediática y cultural de la nación.

Han descubierto que dominar el relato significa dominar el futuro. Lo sabía Gramsci, lo sabía Lenin, lo sabía Orwell. Y lo sabe Pedro Sánchez, mejor que nadie.

LA MENTIRA COMO INSTRUMENTO DE PODER

La izquierda no busca la verdad: la teme. Porque la verdad desmonta sus mitos, sus dogmas, sus imposturas. Por eso necesitan leyes de memoria, comisarios ideológicos, censura, persecución disfrazada de “democracia avanzada”, mordaza informativa y control de los medios subvencionados.

La memoria democrática no es memoria ni es democrática.

Es propaganda.

Es adoctrinamiento.

Es una forma de borrar el pasado para controlar el presente y asegurarse el futuro.

Orwell lo advirtió:

“Quien controla el pasado controla el presente, y quien controla el presente controla el futuro.”

Eso es exactamente lo que hace el PSOE y su constelación de extremistas y separatistas: reescribir, manipular, tergiversar y censurar. Y todo envuelto en una moralina barata, en una superioridad moral inexistente pero repetida hasta el hartazgo.

La mentira es su arma.

El silencio cómplice es su escudo.

Y el relato es su munición.

LA DERECHA COBARDE Y EL PARTIDO POPULAR TIBIO

Pero si la izquierda ha avanzado tanto no ha sido por su fuerza, sino por la cobardía moral del Partido Popular.

Un PP que, pudiendo defender la verdad histórica, prefirió esconderse.

Un PP que, pudiendo plantar cara a las leyes totalitarias, optó por la sumisión.

Un PP que, pudiendo combatir la mentira con argumentos, eligió la comodidad del silencio.

El PP entregó las armas sin luchar.

Concedió la superioridad moral a quienes carecen de ella.

Validó el discurso de quienes odian a España.

Y dejó sola a media nación que clamaba por una defensa firme de la verdad.

Por eso hoy estamos donde estamos: porque muchos callaron cuando debían hablar.

ESTA GUERRA ES POR LA CIVILIZACIÓN

No, esto ya no es una batalla cultural. Eso fue hace veinte años, cuando aún había espacio para debatir, para argumentar, para defender ideas sin ser criminalizado por ello.

Hoy estamos en otra fase: la fase civilizatoria.

La izquierda no pretende imponernos políticas: pretende imponernos una nueva antropología, una nueva moral, una nueva memoria, una nueva identidad nacional y hasta una nueva naturaleza humana.

Pretenden arrancar de raíz nuestra historia, nuestros símbolos, nuestra fe, nuestros héroes, nuestros muertos y nuestra verdad.

La guerra es por el alma de España.

Y la verdad debe imponerse aunque duela, aunque nos arriesguemos, aunque nos llamen lo que quieran.

Porque sin verdad, no hay libertad.

Sin libertad, no hay civilización.

Y sin civilización, volvemos a la barbarie.

DEFENDER LA VERDAD ES UN DEBER, NO UNA OPCIÓN

Aun cuando violente las leyes injustas que el régimen sanchista se ha inventado para imponernos su mentira, defender la verdad no es solo un derecho: es una obligación moral.

Es nuestro deber decir lo que pasó, explicar lo que está ocurriendo y advertir lo que ocurrirá si dejamos que el relato de la izquierda se convierta en dogma oficial.

Nuestro deber es corregir, denunciar, exhibir y combatir cada falsedad.

Nuestro deber es no callar jamás, aunque nos cueste insultos, amenazas, demonización o incluso la libertad.

Porque si no defendemos la verdad, nuestra civilización desaparecerá.

Lo harán lentamente, en silencio, por asfixia legislativa, por censura disfrazada de progreso, por manipulación cultural, por ingeniería educativa.

Y cuando queramos darnos cuenta, ya no quedará nada por lo que luchar.

UNA BATALLA DONDE NOS JUGAMOS TODO

Esto es una guerra del bien contra el mal.

De la verdad contra la mentira.

De la memoria auténtica frente al relato adulterado.

De la España real frente a la España de laboratorio que pretenden imponernos.

Y sí, nos jugamos todo:

Nuestra historia.

Nuestro futuro.

Nuestra identidad.

Nuestra libertad.

Y, llegado el caso, nuestra propia vida civil como nación.

Por eso digo —y lo mantengo—:

Se acabó la batalla cultural.

Comienza la guerra civilizatoria.

Y en esta guerra no podemos permitirnos perder.

Porque cuando se pierde la verdad, se pierde España. Nos perdemos a nosotros mismos.

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