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Multitud de personas con documentos en la mano frente a la Oficina de Extranjería en Madrid con policías controlando la entrada y un gran texto sobreimpreso que dice Regularización masiva
OPINIÓN

España. Paraíso de listillos

Por Jota Camacho

Mira a tu alrededor y fíjate bien en la cara de tonto que se te está quedando mientras pagas el IBI, la cuota de autónomos o la multa de aparcamiento que te ha llegado con un recargo que parece pensado para hundirte. ¿Sientes ese escozor? Pues es el gobierno recordándote que tú eres el pagano, el remero, el que sostiene el tinglado. Y mientras tú cuentas los céntimos para que tu madre llegue a fin de mes con una pensión de miseria, el Gobierno de Sánchez ha decidido que España ya no es una nación, sino una ONG de puertas abiertas donde saltarse la ley no solo es gratis, sino que tiene premio.

La regularización masiva no es "humanidad"; es un insulto a tu inteligencia y un escupitajo en el contrato social que nos mantiene unidos. Nos han vendido una "victoria de la democracia", pero lo que han aprobado por la puerta de atrás, evitando el Congreso, es el mayor efecto llamada de la historia de Europa. Y lo han hecho para comprar votos, para diluir nuestra cultura y para que, en unos años, no reconozcas ni el barrio donde naciste.

Esto no es nuevo, pero sí es más grave que nunca. España tiene una adicción a las amnistías migratorias que siempre terminan igual: con más ilegales que antes de empezar.

El antecedente de Aznar (2000-2001): Se regularizaron a casi 500.000 personas. Fue el inicio del mito: "si aguantas, te quedas".

El gran hito de Zapatero (2005): El gurú del progresismo prometió orden y acabó otorgando 576.506 permisos. Se esperaban 200.000, pero la realidad siempre desborda al optimismo progre. Aquello rompió la confianza con Francia y Alemania, que vieron cómo España se convertía en el coladero de Schengen.

El delirio de Sánchez (2026): Ahora apuntan a 800.000 personas, pero las cifras reales son demoledoras. En 2017, los extranjeros irregulares en España eran apenas 107.000. Hoy, tras años de permisividad sanchista, la cifra roza los 840.000. Un incremento del 700%. Y se esperan más de dos millones

Hablemos de los requisitos, una broma de mal gusto. Para ser "nuevo español", según este decreto, solo hay que demostrar que estabas aquí antes del 31 de diciembre de 2025. ¿Y cómo se demuestra? Con un sello en el pasaporte o un bonobús. Estamos entregando la soberanía nacional a cambio de un billete de transporte público.

Pero fíjaros qué fenómeno tan paranormal estamos viviendo en las comisarías: la epidemia de los pasaportes extraviados. Miles de extranjeros sin papeles están denunciando la pérdida de su documentación. ¿Por qué? Porque son más listos que tú. Han llegado a España la semana pasada, pero tiran el pasaporte a la papelera del aeropuerto para borrar el rastro de la fecha real. Luego ponen una denuncia, aseguran que llevan aquí dos años y, con un poco de arte en el Photoshop o un PowerPoint chapucero en un locutorio, se fabrican una factura de la luz o un recibo de envío de dinero falso.

Y ya está. Zas. NIE al canto, sanidad gratuita, acceso al Ingreso Mínimo Vital y un voto más para el PSOE. Mientras tanto, tú sigue esperando año y medio para que el especialista te mire la rodilla. Tú sigue pagando el IVA de los pañales mientras el que acaba de saltar la valla o bajar del avión con documentos de "atrezzo" pasa por delante de ti en todas las listas de ayudas sociales.

¿Y qué me dices de la seguridad? Nos cuentan que estos nuevos ciudadanos vienen con el expediente limpio. Por favor, no me hagáis reír. En la mitad de los países de origen, el organismo que emite los certificados de antecedentes penales es una caseta de aluminio con una máquina de escribir y un funcionario que te firma lo que quieras por el precio de tres cajetillas de tabaco.

Pero es que ni siquiera hace falta currárselo tanto. El Gobierno, en su infinita resiliencia, permite la "declaración responsable". Es decir, que, si el señor no puede conseguir el certificado, basta con que firme un papelito diciendo que jamás ha matado a un mosquito, que ama la democracia y que exhala fragancia de lavanda si acaso accidentalmente soltase una flatulencia. Ante la imposibilidad de comprobación, damos su palabra por buena y le certificamos como apto para ser mantenido con tus impuestos. Hemos pasado de exigir respeto a la ley a mendigar que, por favor, nos dejen seguir pagándoles la fiesta.

Sé lo que estáis pensando. Que soy un facha, un insolidario, un ultra. Es la etiqueta que te ponen para que te calles y sigas remando. Pero bajemos al barro de tu realidad cotidiana. A ti que te gusta ayudar, tú que eres un tipo altruista. De vez en cuando le das una moneda al perroflauta del semáforo. Sabes perfectamente que se lo va a gastar en porros o en un litro de vino barato, pero tú ya has cumplido, no has tenido que olerlo demasiado y tu conciencia duerme tranquila.

Pero seamos sinceros de verdad: no le metes en tu casa, ¿a que no? No levantas a tu abuela del sillón para sentar a ese señor. No sacas a tus hijos de su habitación para meter a una familia africana que, pobrecitos, lo están pasando muy mal. No te quitas la mitad del sueldo para donárselo por transferencia a unos paquistaníes que no conoces de nada.

Pues abre los ojos, porque, aunque creas que no lo haces, ya lo estás haciendo. Mira tu nómina. Esa retención que te deja temblando a mitad de mes va directa a esos paquistaníes. Sí estás levantando a tu abuela del sillón cada vez que la sanidad pública, que ella levantó con su trabajo, se colapsa por gente que no ha aportado un céntimo en su vida. Sí estás sacando a tus hijos de su habitación cada vez que el precio del alquiler en tu barrio sube porque el Gobierno mete a miles de personas en un mercado de vivienda que ya no da más de sí.

Estás financiando tu propia sustitución y, lo que es peor, les estás pidiendo que vengan más con tu inacción y tu pasotismo. Estás dejando que echen a toda tu historia, a tu cultura y a tu forma de vida mientras tú sigues riendo porque a una famosilla la han llamado "mitad tonta y mitad tetas", que el Mundial de fútbol se acerca o que este año Eurovisión España no participa en Eurovisión porque va Israel. Sigue haciendo el tonto, que el Gobierno lo sabe y te trata exactamente como lo que demuestras ser: un siervo con derecho a pataleo pero sin voluntad de reacción.

¿De qué va esto realmente? ¿De humanidad? No me seas ingenuo. Esto va del "cambio cultural" que pedía Irene Montero y su progresismo de chalet con seguridad privada. Va de llenar España y Europa de extranjeros para barrer a los fachas, es decir, a los españoles con memoria, con principios y con ganas de trabajar.

Buscan un electorado dependiente, un censo agradecido al subsidio y una sociedad tan fragmentada que no pueda unirse para exigir responsabilidades. Quieren que tus abuelos, y en breve tus padres, tengan que comer del contenedor, porque este Gobierno basura nos ha echado de nuestra propia casa para meter a gente que no comparte nuestros valores, que no habla nuestro idioma y que, en muchos casos, desprecia la libertad que tanto nos costó ganar.

España se ha convertido en el puente hacia la nada. Somos la gestoría de conveniencia de las mafias. Una vez regularizados con un papel de PowerPoint, muchos usan España como trampolín para irse a Francia o Alemania a cobrar subsidios más jugosos, dejándonos a nosotros la factura del trámite y el estigma de ser el socio desleal de Europa. Nos miran con desprecio, y con razón. Somos el vecino que deja la puerta del bloque abierta de par en par mientras hay una oleada de robos en el barrio.

Lo cierto es que te tratan como a un tonto porque te comportas como tal. Aceptas que el IBI suba, que la gasolina sea un lujo y que la vivienda sea una quimera mientras aplaudes la "solidaridad" de un Gobierno que es solidario con tu dinero.

Esta regularización de 2026 es final de la España que conocimos. Es la legalización de la mentira, la institucionalización del fraude y la traición definitiva a la clase obrera nacional. Mientras tú sigues preocupado por las tonterías políticamente correctas del día, ellos están firmando el decreto que hará que tus hijos sean extranjeros en su propio país.

Sigue mirando para otro lado. Sigue pensando que "no es para tanto". Pero luego no llores cuando no quede sillón para tu abuela, ni habitación para tu hijo, ni país para ti. El Gobierno ya ha elegido a sus nuevos ciudadanos; ahora solo falta que tú decidas si vas a seguir siendo el que paga la fiesta hasta que te apaguen la luz definitivamente.

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