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Fotografía histórica en blanco y negro de varios hombres con traje y uniformes militares reunidos alrededor de una urna de votación transparente en una mesa con el cartel Distrito de Buenavista
OPINIÓN

1936: el año en que el PSOE empujó a España al abismo. Noventa años del terror rojo

La opinión de Javier García Isac de hoy, viernes 23 de enero de 2026

Si 2025 fue utilizado por el PSOE como el año de Franco, al cumplirse cincuenta años de su muerte, 2026 debería ser —por honestidad histórica— el año en que se recuerde la responsabilidad criminal del Partido Socialista en los sucesos que llevaron a España al colapso en 1936. Porque hace 90 años, el partido hegemónico de la izquierda española no fue un actor pasivo ni una víctima inocente: fue uno de los principales aceleradores del terror, la violencia y el clima revolucionario que condujo a la Guerra Civil.

El PSOE: de partido político a agente revolucionario

Conviene recordarlo sin ambages: el Partido Socialista Obrero Español no era en 1936 un partido socialdemócrata al estilo europeo actual. En verdad nunca lo fue. Era un partido abiertamente revolucionario, con dirigentes que hablaban sin tapujos de dictadura del proletariado y de la necesidad de imponer el socialismo por la fuerza, si las urnas no servían.

La izquierda no llegó al Frente Popular para gobernar; llegó para cambiar el régimen. Y el PSOE fue la columna vertebral de ese proyecto. Controlaba sindicatos, milicias, calles y discursos. La legalidad republicana era para ellos un instrumento transitorio, no un fin.

El Frente Popular: la coartada de la violencia

El Frente Popular no fue una alianza electoral normal. Fue una coalición de revancha, articulada alrededor del odio, la depuración y la amenaza. Desde febrero de 1936, España se sumergió en una espiral de incendios de iglesias, asaltos a sedes políticas, asesinatos selectivos, huelgas violentas y represión ideológica.

Nada fue espontáneo. Todo estaba amparado o justificado desde el poder político y sindical dominado por los socialistas. El mensaje era claro: o con ellos o contra ellos. Y quien estaba en contra era señalado, perseguido o eliminado.

El terror rojo antes del 18 de julio

La narrativa oficial ha querido fijar el inicio del terror en el 18 de julio de 1936. Es falso. El terror rojo comenzó antes, con el PSOE como protagonista central. El clima de violencia no fue una consecuencia inevitable del conflicto: fue su causa directa.

El asesinato de adversarios políticos, la impunidad de las milicias, la quema sistemática de símbolos religiosos y la destrucción del orden público no fueron excesos aislados, sino parte de una estrategia. España no cayó en el abismo por accidente: fue empujada.

La responsabilidad histórica que el PSOE nunca asumió

Noventa años después, el PSOE sigue sin asumir su responsabilidad. No hay autocrítica, no hay reconocimiento, no hay petición de perdón. En su lugar, hay memoria selectiva, leyes sectarias y una obsesión enfermiza por reescribir el pasado culpando siempre a otros.

Señalan a Franco, pero ocultan a Largo Caballero. Hablan de democracia, pero callan la intentona golpista de 1934. Presumen de legalidad, pero olvidan que su proyecto en 1936 era abiertamente totalitario. Olvidan el pucherazo de las elecciones de febrero de 1936, que lleva al poder al Frente Popular. El problema no es solo lo que hicieron: es que hoy se niegan a reconocerlo.

España caminó al abismo, y alguien la empujó

La Guerra Civil fue una tragedia nacional. Pero las tragedias tienen causas, y una de las principales fue la acción consciente del Frente Popular, con el PSOE como partido hegemónico. Quien acelera la violencia, provoca la reacción. Quien convierte la política en guerra, recoge guerra.

Recordar 1936 no es reabrir heridas. Es evitar mentiras. Y recordar los 90 años del terror rojo no es revancha: es justicia histórica. España no se rompió sola. La rompieron quienes creyeron que el poder justificaba la violencia.

Si el PSOE exige memoria, debe aceptar memoria completa.

Si señala culpables, debe mirarse al espejo.

Y si pretende dar lecciones de democracia, debe empezar por reconocer que en 1936 fue parte esencial del problema, no la solución.

Porque la historia no se borra con leyes.

Y porque España merece la verdad, aunque incomode.

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