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Montaje dividido con una procesión de Semana Santa con cofrades encapuchados portando un crucifijo en una calle al atardecer y una mesa nocturna repleta de comida típica frente a un edificio iluminado con banderas españolas y varias palomas picoteando los platos
OPINIÓN

Ecuaciones para palomas

Por: Jota Camacho

España se está convirtiendo en un inmenso patio de asoleamiento de ovejas. La realidad biológica y la aritmética básica han sido proscritas por decreto ley. Observar las redes sociales estos días es asomarse a un manicomio donde los internos, esos borreguillos progres que parecen haber nacido con las orejas pegadas para que no les entre un solo mensaje de cordura, aplauden con ilusión (y no digo fervor porque la mayoría también son ateos). Son seres que no se pasan un bastoncillo desde hace décadas, lo que explica que el hedor ideológico sea lo único que desprenden. Y que tienen la mente irreversiblemente afectada por los porros y una clara falta de entrenamiento neuronal.

Intentar razonar con esta masa es, literalmente, como intentar explicarle ecuaciones de segundo grado a una paloma: te miran con la cabeza ladeándola de un lado al otro, parece incluso que entienden algo entre la neblina de su ignorancia, y acto seguido se dan la vuelta para dejarte una cagada cerca como muestra de agradecimiento. Es el triunfo de una generación de votantes de izquierda, cuya gran mayoría no tiene ni el graduado escolar pero que se siente legitimada para darnos lecciones de moral a los que llaman "fachas".

El síntoma más grotesco de esta patología social lo hemos visto esta semana en Barcelona, con el caso del "chico trans" G.G. que pretende denunciar por transfobia a otro que le ha rechazado al enterarse de que, en efecto, no es una mujer. Estamos ante la tiranía del narcisismo elevado a categoría jurídica. Este señor tiene la idea arraigada de que es una mujer y por extensión, pretende que el resto del planeta se lobotomice para convivir en su mentira.

Pero la realidad es un muro y pesa bastante Señor mío. tras peregrinar por asociaciones bañadas con subvenciones de dinero público y despachos de abogados que viven del conflicto identitario, la verdad sigue ahí: por mucho que le joda, por mucho que grite y por mucho que el BOE intente reescribir la naturaleza, si tiene un problema ahí abajo, debe ir al urólogo. No existe ley, por muy "chulísima" que sea, capaz de convertir una próstata en un ovario. Es la derrota final del relato frente al bisturí y la ciencia, esa que estos analfabetos funcionales desprecian mientras disfrutan de sus beneficios.

Para mantener a esta horda de palomas contentas, el Gobierno de su cadavérico y harinado líder que se sigue creyendo Adonis Presidencial, acaba de aprobar una nueva subida del Salario Mínimo Interprofesional. Y ahí los tienes, dando palmas, convencidos de que son más ricos porque el número en su nómina ha crecido un poco, sin entender que ese dinero ya se lo ha cobrado el Estado por triplicado antes de que llegue al cajero.

Partamos de una base sociológica clara: el grueso de los votantes de este socialismo de garrafón cobra el SMI o el Ingreso Mínimo Vital. No dan para más. Son personas que creen firmemente que el mundo les debe algo y que el dinero es un recurso infinito que brota de la Moncloa. Pero estos son los datos con la objetividad que les falta a ellos. Desde que el PSOE gobierna, el SMI ha subido nominalmente un 60%, pero ¿se vive mejor ahora que hace diez años? La respuesta es un "no" rotundo que cualquier adulto con dos dedos de frente y capacidad para restar puede verificar.

En 2016, con un salario mínimo sustancialmente menor, el poder adquisitivo del español medio era, paradójicamente, muy superior.

Hace una década, un joven podía plantearse la emancipación. Hoy, el precio del alquiler y de la compra ha subido a un ritmo que triplica cualquier incremento salarial. El SMI actual no da ni para el subarriendo de una habitación en las grandes ciudades, esas mismas que los progres gestionan convirtiéndolas en estercoleros de inseguridad.

Comprarse un coche hoy es un lujo prohibido. Entre las normativas de emisiones que castigan al trabajador y el precio de los combustibles, la movilidad se ha convertido en un privilegio de casta. Hace diez años, llenar el depósito no suponía pedir un crédito personal.

Con la cesta de la compra es donde la mentira del Gobierno se desmorona con más estrépito. El aumento del IPC en productos básicos, aceite, huevos, carne, ha pulverizado cualquier ganancia. El votante socialista celebra su subida de sueldo mientras gasta el doble en el supermercado y los muy iluminados, dicen que la culpa es de Mercadona, que es la que sube los precios. A estos atontados les preguntas de donde viene a leche y te dicen que del frigo... Es la paradoja del tonto útil: No tendrás nada y serás feliz.

¿Por qué estamos abocados a seguir en manos de esta izquierda? Porque han diseñado un sistema educativo que es una fábrica de borregos subvencionados. No interesa que los jóvenes sepan matemáticas, interesa que sepan "sentir". No interesa que entiendan cómo funciona la inflación, interesa que sepan cuántos géneros existen hoy por la mañana.

Si educas a generaciones enteras sin estudios, sin capacidad de sacrificio y con el espíritu quebrado por la dependencia del Estado, obtienes un ejército de votantes que no preguntan de dónde sale el dinero, solo cuándo les cae la siguiente paga. La derecha apela al esfuerzo, a la propiedad y a la libertad; la izquierda apela al instinto primario de la paloma: comer del suelo lo que el amo le tire.

Estamos en un momento crítico. Mientras los sectores productivos agonizan bajo una presión fiscal asfixiante, el Gobierno sigue alimentando el pesebre. Tenemos a un país donde un tipo que debe ir al urólogo se cree con derecho a denunciar a medio mundo por no compartir su delirio, y donde millones de personas celebran la miseria porque les han dicho que es "progreso".

Si seguimos permitiendo que la ignorancia sea la moneda de cambio y que el sentimiento se imponga a la biología y a la economía, el final de la historia es el colapso. Pero no esperemos que la paloma lo entienda. Ella seguirá ahí, torciendo la cabeza, esperando su dosis de alpiste y lista para dejar su cagada sobre lo poco que queda de la España que, además, tampoco le gusta.

Y mientras los hijos de Satanás que colman las redacciones y los ministerios silencian con desprecio nuestra Cuaresma, nos bombardean con el inicio del Ramadán como si fuera la fiesta nacional. Esconden nuestras cruces para no ofender, pero se arrodillan ante lo ajeno por puro complejo o por Pegasus, vete tú a saber.

España, la que otrora fuera faro de la cristiandad hoy es un pesebre musulmán donde se censura el incienso y se subvenciona el menú halal. Pero por mucho que oculten nuestro calendario, la realidad, como el urólogo, siempre les estará esperando a la vuelta de la esquina

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