
Caducidad política: Véase la tapa del envase
Por Antonio – LordAS - Sánchez Sánchez
Con una perspectiva amplia y de manera general podemos afirmar que todo lo que rodea la realidad humana es efímero y perecedero. Dejando a un lado cuestiones dogmáticas y hasta donde abarca el conocimiento universal, aseverar que no existe nada sempiterno; que todo en la naturaleza fluye evolucionando o transformándose; que todo elemento está sujeto a procesos que inician en un punto y finalizan en otro; así como que ser conscientes de ello nos acerca a aquel nivel superior de conocimiento, que es el campo de las ideasacuñado por Platón, no se sustancia enotra cosa sino en la pretensión y la tendencia hacia la sabiduría donde ciertos hombres buenos y excelsos invirtieron sus vidas con el único y generoso propósito de alcanzar la alineación con el mundo real y con la verdadque en él subyace.
Pero, ¿qué sucede cuando otros hombres, no tan buenos ni tan relevantes, aprovechando su acceso temporal al poder, no solo se colocan en posiciones alejadas de aquel fluir natural de los procesos evolutivos y transformadoressino que, aunque tuvieranfundamento en entornos históricos de una época pretérita determinada, ahora intentan volver a cubrir los pies descalzos de los pueblos contemporáneos con fórmulas trasnochadas y caducas que no admiten encaje ni con el más extraordinario de los calzadores y con el único propósito de resucitar fantasmas del pasado en beneficio propio? Además, es común entre los hombres mediocres pero que han logrado acceder a cargos de poder,suele suceder que, por estar desposeídos de talento y virtud, errando en sus decisiones para con el resto, en vez de corregirse ante la obviedad de una idea fracasada lo que hacen es perseverar en el error incluso aun siendo conscientes de ello. Entonces, es cuando los pies descalzos de los subordinados, súbditos o del pueblo en general, empiezan a sangrar lacerados por la insistencia de aquel que quiere calzarles un zapato que en forma alguna pueden llegar a ponerse. Estas llagas, úlceras e incluso amputaciones, no son sino metáforas de la dignidad, los derechos y libertades, las cuales, si llegaran a ser erosivamente severas impedirán el desarrollodecente o dignodel individuo, y por lo tanto, llegando entonces a cobrarrelevanciaen la propia carencia de los elementos diferenciadores de condiciones sociales,otrora imperantes, que nos acercarán peligrosamente a la resurrección de estatus civiles oprimidoso esclavizantes con los que los tiranos sometieron a sus pueblos no hace tanto y de los cuales la historia nos brinda numerosos ejemplos.
De igual manera que no es posible calzar a un adulto con los mismos zapatos que usó cuando fue niño, pensando que al hacerlo se le pudiera arrebatar la capacidad de obrar o el discernimiento intelectual con el objeto de devolverlo a un estatus infantil necesitado de tutorización por parte del Estado, debemos de poner de manifiesto que utilizar fórmulas nacidas del fracaso intelectual de barbudos taciturnos decimonónicos para dirimir los asuntos actuales, pasado ya un cuarto del siglo XXI, es en efecto, sacar un calzador imposible que nunca logrará poner ningún zapato pero si muy posiblemente destrozar los pies de todos.
Toda colectividad o grupo grande de personas, véase población, necesita de normas y reglas o usos que marquen una línea común de actuación moral en pos de la paz social y la pacífica convivencia en sociedad. Estas reglas nos vienen dadas por el Derecho de gentes, la costumbre o normas consuetudinarias, los principios generales del Derecho y la norma positivizada, esto es, la Ley escrita. Este conjunto de normas forma el llamado ordenamiento jurídico, pero que no puede ser en ningún caso estático debido a la constante evolución y transformación del conjunto de los elementos configuradores de las sociedades, del propio Estado e incluso su territorio a lo largo del tiempo. Por ello, y tras la influencia dinámica incesante de la dimensión temporal con respecto a las sociedades, es necesario que por parte del legislador se realice una también constante actualización de todas estas normas.Porque lo que fue válido hace un siglo muy difícilmente puede serlo hoy día. Aquí juega un papel relevante la jurisdicción que, a través de la interpretación de las leyes, realizan una labor de amplitud de la validez o extensión de la misma a través de la jurisprudencia, en tanto no son actualizadas o innovadas por parte del legislador a la vista de las nuevas demandas. Pero para ello, nadie podía imaginar que la solución legislativa fuera a ser la aplicación de ideologías políticas caducadas ya en el siglo pasado. De ahí la ineptitud manifiesta a los cuales les hemos asignado tal tarea.
Sin embargo, y habiendo sido invadidos de facto por corrientes ideológicas trasnochadas, que ya lo eran en el siglo pasado, es una realidad que tras producirse el cambio de milenio (aunque nos podríamos remontar varias décadas atrás aún) una legión de burócratas infames convertidos en neo tiranos han vertido sobre sus gobernados un halo de ignominia travestido de eslóganes benevolentes incontestables y promesas espurias donde a través de técnicas psicológicas de inversión de la verdad y control de la realidad, aderezadas con una férrea censura, conducen a los pueblos de occidente al precipicio ostraz y devastador de la esclavitud moral auto aceptada que de no encontrar resistencia culminará en el más absoluto desastre civilizatorio. Tal vez sea lo que esos crápulas ineptos y corruptos anden buscando.
Y llegados a este punto, hay que preguntarse acerca de esta situación que deviene en paradójica, ¿cómo es posible que tal ingente masa haya comprado un relato que caducó hace ya al menos un siglo habiendo sido demostrado empíricamente fracasado y teóricamente falso tras su implantación en más de 20 países? ¿Cómo una sociedad moderna es capaz de involucionar y volver a avalar tesis ideológico-políticas que se encuentran en las antípodas de todo principio de libertad, de la esencia de los derechos individuales y en general desafecta de toda sucesión democrática y que, como ha quedado demostrado por la historia, sólo han sido dadoras de miseria, hambre, injusticia y calamidad?
Toda voluntad política ha de velar por el interés general de sus administrados, debe trabajar para la consolidación y mayor abundamiento de libertades, debe encaminar sus esfuerzos en la cristalización de su unidad y promoción de los elementos cohesivos que preserven la entidad cultural de sus gentes, así como garantizar la paz social y la pacífica convivencia; y más aún si cabe teniendo en cuenta la diversidad y acervo histórico-cultural de las naciones europeas y especialmente la española. Si alguna de estas premisas fuera incumplida o negligentemente aplicada, el político debe ser expulsado de sus funciones e inhabilitado para todo cargo público, porque lo que en él se desvela es un proyecto de tirano, ya sea por ineptitud o por corrupción, queriendo novar en eterno lo ya caduco.
En España no sólo sufrimos con el actual desgobierno la resurrección de fórmulas maquilladas del más rancio marxismo decimonónico, sino que para dotar de valor teórico también se están resucitando viejos fantasmas del pasado y abriendo las terribles heridas que sufrieron nuestros abuelos rompiendo aquellas cicatrices logrando que sangren de nuevo para intentar que con el mismo fluir de aquellas viejas y emponzoñadas malasangres lo hagan también las más viejas aún y aberrantes ideologías que las causaron. Y ¿qué es lo que sucede cuando obligan a la sociedad a ingerir comida caducada desde hace más de un siglo, que aunque la condimenten abundantemente, no deja de ser una masa podrida, ponzoñosa, hedionda y repugnante? La respuesta a esta pregunta es abrumadoramente visible cuando el pueblo procede a su vómito profusamente.El rechazo es absoluto e irrevocable. No oiga, no alimenten las sociedades con podredumbre caduca que no solo no nos alimenta, sino que nos envenena y enferma grave e irremediablemente.
A estas alturas quedanhilvanadas convenientemente causas y efectos, a las cuales quedan vinculados tanto rojos como azules, y yo me pregunto de nuevo, ¿qué grado de alienación se ha logrado inocular en importantes sectores de la población que aun a sabiendas de la catadura de quien nos gobierna, de que nos alimentan con veneno, aun así le siguen mostrando su apoyo y confiándole la gestión de sus vidas? Siempre he dicho que el más propicio caldo de cultivo para cosechar electores afines a esta clase de políticos es aquel donde afloren los imbéciles o analfabetos y los corruptos que obtienen algún tipo de rédito, pero nunca pensé que la base para ello fuera a descubrirse tan amplia, ni que fuera tan difícil hacer ver y demostrar lo obvio.
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