La izquierda sabe que pensamos con palabras, por lo tanto, sabe que quien domine las palabras dominará los pensamientos de la gente. Por ese motivo, la dictadura que pretende imponer Pedro Sánchez es en primer lugar una dictadura mental, es cognitiva, es la dictadura del pensamiento.
En el último espacio hablamos sobre el corrimiento al azul. Cómo, desde el punto de vista del votante de izquierdas, cuando el PP se aproxima a ellos deslizando su posición a la izquierda, su aspecto adquiere, de hecho, un tono más azulado. Dicho de otro modo: cuanto más se humillan, más los desprecian. Más extremérrima derecha son bajo su punto de vista.
Y el problema no es el infructuoso intento de captar esos votantes, sino la imperdonable legitimación de las premisas socialistas en cada nuevo pliegue de cerviz.
Concluíamos advirtiendo que en España ya no existe nada que podamos llamar centro, en España se ha erigido un muro, un muro que ha desgarrado al pueblo en dos. Un muro que solo admite dos posiciones: o estás detrás de él o estás enfrente de él.
En su discurso de investidura, Pedro Sánchez cometió un error de bulto. ¡El tío se autoproclamó el muro ante la oposición! Y claro… lejos de evocar esa imagen fuerte y heroica que pretendía, dejó entrever aquello que realmente ansía. A muchos nos vino a la memoria el recuerdo gris del Muro de Berlín.
Levantar muros no tiene por qué ser malo. Los muros protegen nuestras casas y, no hace tanto, protegían nuestras ciudades del enemigo exterior, confiriendo a la ciudad unidad, entidad e identidad.







