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La imagen muestra una ilustración de estilo gráfico con un rostro humano en el centro, que tiene un engranaje alrededor de un ojo rojo, rodeado por una cadena; el fondo es rojo con líneas negras y el texto dice "La dictadura cognitiva, sus palabras dominan tus pensamientos".
OPINIÓN

La Dictadura Cognitiva: Corte Rojo

Por Onvre Deconstruido

La izquierda sabe que pensamos con palabras, por lo tanto sabe que quien domine las palabras dominará los pensamientos de la gente.

Y la dictadura que pretende imponer Pedro Sánchez es en primer lugar una dictadura mental, es cognitiva, es la dictadura del pensamiento: no digas confinamiento, di restricción de movilidad nocturna. No digas transferencia de competencias, di delegación de competencias. Y por supuesto… no digas rearme, di salto tecnológico.

La semana pasada hablamos sobre cómo nos tienen enfrentados promoviendo el espíritu de la infinita revolución… y aquí es donde entra en juego una de sus estrategias preferidas:

La izquierda sabe que con el meticuloso uso de las palabras puede crear nuevas afrentas entre sus ciudadanos. De ahí la proliferación de términos que exacerban o directamente generan nuevos enfrentamientos, como micromachismo, heteronorma, discurso de odio, cultura de la violación, feminicidio, gordofobia, mansplaining, manspreading o manterrupting y un largo etcétera.

Un hombre en traje azul hablando en un micrófono.

Pero poner nombre a coyunturas deliberadamente inflamadas, no es lo único a lo que dedican nuestros recursos. También a que hechos palmarios queden ocultos, ya que lo que no tiene un nombre, no existe en la conciencia colectiva. Y esto es a lo que empezaremos a poner remedio hoy.

La manipulación funciona cuando no eres consciente de que te están manipulando. En cuanto te das cuenta, el manipulador pierde ese poder sobre ti. Vamos entonces a poner nombre y apellido a la técnica de manipulación, sello distintivo del socialismo: la hemos llamado Corte Rojo.

Un Corte Rojo consiste en trazar una línea por donde dividir o ‘cortar’ un grupo social antes cohesionado, el viejo divide et impera, pero diabólicamente perfeccionado…

Una vez trazada la línea y enfrentados unos a un lado y otros al otro, se otorga un nombre y una ‘bandera’ a cada grupo. Es en ese momento cuando el individuo-producto, lo que nosotros llamamos ‘el maniquí’ término sobre el que hablaremos en una próxima entrega, encuentra lo que más ansía, lo que le habían arrebatado antes de meterle la papilla ideológica por el gaznate: un lugar en ‘el mundo’, una identidad.

Pero la cosa no queda ahí… marcada la división, dado un nombre, una causa, una identidad y una bandera —y aquí viene lo perversamente genial—, envolviéndose en un manto de altruismo y generosidad paternal, otorgan, como el que lanzaba el pan a los espectadores del circo romano, una entelequia llamada ‘derechos’, esto es, privilegios a unos con respecto a otros.

¡Voilà! El Corte Rojo es ya irreversible… ¡y la operación se puede repetir cuantas veces quieras! Atomizando a la población en cada vez más colectivos de cualquier signo. Así, con un Corte Rojo, el gobernante obtiene una división irreconciliable, una fuente de tensión permanente tal que, cometa la fechoría que cometa, les mienta sobre lo que les mienta, les robe lo que les robe, sus partidarios serán incapaces de enfrentarse a él, porque quedan ahora ciegos a cualquier fuente de desgracia ajena a la otra mitad de su propio pueblo.

Así que cuando el gobierno te hable de derechos, no de los ciudadanos españoles, sino de ciertos colectivos… cuando el gobierno te hable de ayudas pero con perspectiva social y de justicia pero con perspectiva de género… cuando el gobierno te hable de los 10 tipos de orientación sexual, de los 16 tipos de familia y de los 37 tipos de género reconocidos oficialmente, ya sabes que no está haciendo otra cosa que meterte un corte rojo como una catedral.

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