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Brigitte Bardot
OPINIÓN

Brigitte Bardot o cuando la cultura castiga al que piensa

La opinión de Javier García Isac de hoy, jueves 8 de neero de 2026

Nos deja Brigitte Bardot, a los 91 años. Nos deja una mujer que fue mucho más que una actriz, mucho más que un icono de belleza, mucho más que una musa del cine francés y mundial. Brigitte Bardot fue libertad, carácter y personalidad. Y por eso mismo, por no plegarse, por no callar, por pensar por sí misma, fue durante décadas castigada por el mismo mundo de la “cultura” que ayer la aplaudía y hoy la señala.

Su fallecimiento vuelve a poner frente al espejo a una industria cultural enferma de sectarismo, dogmatismo e hipocresía. Una industria incapaz de aceptar que alguien que forma parte de ella no repita el catecismo ideológico obligatorio. Bardot fue expulsada del paraíso progresista no por su talento —indiscutible— ni por su trayectoria —irrepetible—, sino por decir lo que pensaba.

De musa a apestada: el pecado de opinar

Brigitte Bardot no encajó en el guion que otros habían escrito para ella. No aceptó ser un maniquí ideológico al servicio de causas que no compartía. Su amistad con Marine Le Pen, sus posiciones políticas incómodas para el pensamiento único y su negativa a pedir perdón por pensar distinto fueron imperdonables para la policía moral de la izquierda cultural.

Da igual que durante años dedicara su vida a la defensa de los animales, que renunciara voluntariamente al cine en la cima de su carrera, que viviera de acuerdo con sus principios. Nada de eso cuenta si no repites el mantra correcto. La consigna es clara: o estás con nosotros o estás fuera.

El precedente Delon: del aplauso al desprecio

El caso de Bardot recuerda inevitablemente al de Alain Delon. Ayer leyenda, hoy incómodo. Ayer símbolo del mejor cine europeo, hoy señalado por no arrodillarse ante el dogma progre. Delon, como Bardot, se atrevió a decir lo que pensaba. Y por ese atrevimiento fue sometido al escarnio, a la caricatura, a la cancelación selectiva.

Ambos pagaron el precio de la honestidad en un tiempo en el que la honestidad está penalizada y la hipocresía premiada. El mensaje es inequívoco: puedes ser quien seas, siempre que pienses lo que debes.

Cultura secuestrada por una secta

No estamos ante casos aislados. Se trata de un patrón. En Francia, en Italia, en España. El mundo de la cultura ha sido secuestrado por una secta ideológica que reparte carnés de pureza moral y decide quién merece aplauso y quién silencio. Si alguien expresa simpatía por Giorgia Meloni, por Vox o por posiciones consideradas “incorrectas”, deja automáticamente de ser artista para convertirse en hereje.

En España el miedo es aún más evidente. Actores, cantantes, directores y escritores callan. No porque no tengan opinión, sino porque saben que hablar supone perder contratos, subvenciones, premios y oportunidades. Es el impuesto revolucionario cultural: si no pagas con silencio o sumisión, te expulsan.

No coincidir no es no respetar

Puedo no compartir todas las posiciones de Bardot —por ejemplo, su incomprensión hacia la tauromaquia en España— y aun así respetarla profundamente. Eso es libertad. Eso es cultura. Lo otro es sectarismo infantil, dogmático y totalitario. La verdadera cultura admite el disenso; la falsa cultura lo persigue.

La corrección política es hoy lo más incorrecto que existe. Nos dice qué pensar, qué decir, qué comer, cómo hablar y a quién admirar. Y lo hace desde una superioridad moral ficticia, construida sobre subvenciones, aplausos endogámicos y censura social.

Un homenaje que es también una denuncia

Este artículo quiere ser un homenaje a Brigitte Bardot y a Alain Delon, sí. Pero también a todos aquellos que se niegan a vivir de rodillas. A quienes dicen lo que piensan en un mundo diseñado para castigar la verdad. A quienes no aceptan que la cultura sea un monopolio ideológico.

La cultura no puede estar en manos de quienes nos imponen cómo debemos pensar. La cultura es libertad, discrepancia y valentía. Y si alguien debe ser expulsado de la cultura no son los que opinan diferente, sino los censores, los inquisidores modernos, los comisarios ideológicos que la han convertido en una secta.

Brigitte Bardot no fue cancelada por equivocarse. Fue atacada por ser libre. Y eso, hoy más que nunca, merece respeto.

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