
Cuando un proyecto alcanza la edad adulta
Por José Rivela, el cronista apartado
Hay proyectos periodísticos que nacen como nacen las tormentas: de pronto, con ruido, con intuición, con una mezcla de riesgo y coraje que solo tienen quienes no esperan permiso. En sus primeros años todo se sostiene por la fe, por la urgencia y por una cierta alegría del combate. Se trabaja mucho, se cobra poco —o nada—, pero se gana algo que entonces parece suficiente: pertenecer a algo que está naciendo.
EDATV pertenece ya a otra edad.
No es una promesa ni una trinchera improvisada. Es una estructura reconocible, un grupo con presencia internacional, con influencia real, con imagen, con sede, con foco. Un medio que ha dejado de hablar en voz baja porque sabe que lo escuchan. Ese tránsito —del arrojo a la consolidación— no ocurre todos los días. Y cuando ocurre, marca un antes y un después.
También para quienes escriben.
Durante la fase heroica, la colaboración es casi una forma de militancia cultural. Se escribe por convicción, por afinidad, por lealtad a una línea y a una mirada. Pero cuando el proyecto madura, esa relación cambia de naturaleza. No por pérdida de ideales, sino por respeto a ellos. Porque la vocación explica el inicio, pero no puede explicar eternamente la continuidad.
Un colaborador no aporta solo textos. Aporta tiempo, criterio, firma, riesgo personal, memoria y constancia. Aporta algo más difícil de cuantificar que una pieza: credibilidad acumulada. Y esa credibilidad —cuando un medio crece— se convierte en uno de sus activos más valiosos.
Hay una forma silenciosa de justicia que no se proclama, sino que se ejerce. EDATV ha empezado a practicarla cuando ha entendido que el entusiasmo no sustituye al oficio, y que la fidelidad sostenida en el tiempo merece un reconocimiento que vaya más allá del aplauso o del agradecimiento retórico. No como gesto administrativo, sino como acto cultural.
Y ese reconocimiento no es solo un gesto.
Es una manera de decir, sin proclamas, que lo que se hace importa.
Que el trabajo tiene peso.
Que el proyecto ha dejado de mirarse a sí mismo como promesa.
Los grandes medios no se distinguen solo por lo que publican, sino por cómo cuidan a quienes los sostienen desde dentro. Cuando un proyecto protege a sus colaboradores, se protege a sí mismo. Cuando respeta el tiempo ajeno, afirma su propia solidez. Cuando convierte la colaboración en relación madura, deja de ser una aventura —por muy exitosa que sea— y pasa a ser una institución.
EDATV ha llegado a ese punto. Y eso, lejos de ser una crítica, es un reconocimiento. Porque solo a los proyectos que triunfan se les puede pedir responsabilidad. Y solo a los proyectos que han crecido se les puede exigir altura.
Lo demás —el talento, la audiencia, la influencia— ya está ahí.
Ahora empieza el tramo más delicado y más noble: aprender a convivir con el propio éxito sin perder el impulso inicial.
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