
2 de enero de 1959: el día que Cuba cayó en la trampa del comunismo
Al frente de aquella farsa histórica estaba Fidel Castro, acompañado de su hermano Raúl Castro, y de uno de los mayores mitos criminales de la izquierda internacional
Hay fechas que deberían figurar en el calendario de las grandes advertencias de la historia. El 2 de enero de 1959 es una de ellas. Ese día, Cuba no fue liberada. Ese día, Cuba fue secuestrada. Comenzó una de las dictaduras más longevas, crueles y empobrecedoras del siglo XX, todavía vigente en pleno siglo XXI. Lo que se presentó al mundo como una “revolución popular” no fue más que un golpe de Estado comunista, encabezado por una banda de aventureros armados —los llamados barbudos— que acabaron convirtiendo la isla en un campo de experimentación del totalitarismo marxista.
Al frente de aquella farsa histórica estaba Fidel Castro, acompañado de su hermano Raúl Castro, y de uno de los mayores mitos criminales de la izquierda internacional: Che Guevara, un mercenario sanguinario elevado a icono pop por la propaganda.
La caída de Batista y el gran engaño
La propaganda oficial ha querido reducir todo a un relato simplista: la caída del “dictador” Fulgencio Batista y la llegada de la “libertad”. La realidad, como siempre, es bastante más incómoda para la izquierda.
Batista fue un gobernante autoritario, sí, como tantos otros en el contexto de la Guerra Fría. Pero comparar su régimen con lo que vino después es un insulto a la inteligencia y a la memoria de los cubanos. Bajo Batista, Cuba era una nación con infraestructuras, crecimiento económico, clase media, comercio, inversión extranjera, turismo y expectativas de futuro. Tenía problemas, corrupción y desigualdades, sin duda, pero no era una prisión gigantesca.
Hoy, tras más de 65 años de comunismo, Cuba es un país arruinado, sin libertades, sin derechos, sin prensa libre, sin alternancia política y sin esperanza. Ese es el balance real del 2 de enero de 1959.
Los barbudos: de comparsa a tiranos
Nadie tomó en serio a aquellos
guerrilleros que desembarcaron en el Granma. Eran pocos, mal armados y supuestamente anecdóticos. Pero la debilidad del régimen, la infiltración comunista, el apoyo internacional y la ingeniería propagandística hicieron el resto.
Lo que vino después fue una depuración brutal, no solo contra los partidarios de Batista, sino contra cualquiera que osara discrepar. Muchos de los propios revolucionarios de primera hora acabaron fusilados, encarcelados o exiliados. La revolución devoró a sus hijos, como siempre ocurre con el comunismo.
El Che Guevara: mito, camiseta y verdugo
Conviene decirlo alto y claro: el Che Guevara no fue un idealista romántico. Fue un asesino, un fanático ideológico, un verdugo sin escrúpulos. Ejecutó sin juicios, celebró la muerte del enemigo y defendió abiertamente el terror como herramienta política.
De Cuba saltó a África, dejando tras de sí el fracaso y la muerte, y terminó su aventura criminal en Bolivia, donde fue abatido tras fracasar también en su intento de exportar la revolución. Ese es el verdadero legado del Che, por mucho que hoy lo sigan imprimiendo en camisetas quienes jamás vivirían un solo día bajo el régimen que él ayudó a imponer.
De “prostíbulo de EE. UU.” a prostíbulo del mundo
Se repite como un mantra que la Cuba de Batista era el prostíbulo de Estados Unidos. Puede discutirse el modelo turístico, la influencia norteamericana o el peso del juego y la noche. Pero la Cuba comunista es hoy el prostíbulo del mundo, donde jóvenes cubanas son empujadas a la prostitución para sobrevivir, donde el régimen se queda con el dinero del turismo y donde el ciudadano vive con una cartilla de racionamiento propia de la posguerra.
Antes había pobreza para algunos; hoy hay miseria para casi todos y privilegios obscenos para la casta dirigente.
El comodín del “imperialismo yanqui”
Durante más de seis décadas, el régimen cubano ha utilizado la misma excusa: todo es culpa del imperialismo yanqui. Nunca de su modelo económico fracasado. Nunca de su planificación central. Nunca de su represión sistemática. Nunca de su persecución a la disidencia. Nunca de su incapacidad para generar riqueza.
El comunismo no fracasa por culpa de terceros. Fracasa porque es intrínsecamente incompatible con la naturaleza humana, con la libertad, con el mérito y con la prosperidad.
Comunismo: una ideología de ruina
No existe ni un solo caso en la historia de la humanidad en el que un régimen comunista haya traído democracia, libertad o igualdad real. En todos los lugares donde se ha impuesto —Cuba, Venezuela, Corea del Norte, la URSS, Camboya, China, Vietnam— ha dejado pobreza, miedo, represión y una élite enriquecida a costa del pueblo.
Cuba es hoy un museo del fracaso, sostenido por la represión interna, la propaganda exterior y la complicidad de una izquierda internacional que jamás viviría bajo aquello que defiende.
Una advertencia para el presente
Recordar el 2 de enero de 1959 no es un ejercicio académico. Es una obligación moral y política. Porque el comunismo no llega anunciando campos de concentración; llega prometiendo justicia social. No se presenta como dictadura; se disfraza de revolución. No habla de hambre; habla de igualdad.
Cuba cayó en la trampa. Y todavía no ha podido salir.
Que su historia sirva de advertencia. Porque cuando el comunismo entra por la puerta, la libertad salta por la ventana.
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